El secretario de Estado, Colin Powell, mantiene una relación respetuosa, pero distante con George Bush y cada día se hace más evidente su soledad en el círculo que rodea al presidente de Estados Unidos, según los sectores políticos y diplomáticos de esta capital.
Powell, quien llegó el fin de semana a Nueva Delhi para tratar de calmar la disputa entre India y Pakistán por la región de Cachemira, ha repetido varias veces que "cualquier trabajo tiene altibajos", incluido el suyo, pero niega que la dimisión esté entre sus opciones inmediatas.
Según The New York Times, Powell parece cada vez más "deprimido" por su falta de influencia ideológica en las decisiones de su Gobierno. Aunque Bush respeta su opinión y su estatura diplomática, él y Powell no mantienen la relación cordial que el Presidente fomenta con sus colaboradores más cercanos.
Asimismo, Karen de Young, la veterana analista de política exterior del Washington Post escribe desde Nueva Delhi: "[Powell] parece contento de haber salido de Washington después de un verano en que perdió sus batallas sobre el conflicto del Oriente Medio y la ayuda de Estados Unidos al programa de control de natalidad de la ONU".
En el fondo del dilema está un enfrentamiento político que se ha extendido a lo largo de estos 18 meses de Gobierno. La moderación que propugna el secretario de Estado es antagónica con la dureza ideológica de los halcones, especialmente el vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Aunque Powell pareciera ser el único residuo liberal en un Gobierno crecientemente conservador, niega estar a punto de dimitir, apunta el periódico neoyorquino. "No me voy", dijo de manera escueta cuando los periodistas le trasladaron los comentarios sobre su intención de renunciar al cargo de secretario de Estado. Powell, que mantiene posturas atípicamente progresistas para un político republicano, está enfrentado a los halcones del Gobierno. La suspensión de las ayudas a los programas de planificación familiar de la ONU -que él mismo se vio forzado a anunciar- parece haber aumentado su frustración.
Powell siempre ha sido el contrapunto político e ideológico en el Gobierno de Bush, tanto que algunos de sus conocidos aseguran que su adscripción republicana se basa sólo en el hecho de que su promoción militar y profesional haya sido impulsada por miembros de ese partido. Hay pocos matices en su filosofía política en línea con el "conservadurismo compasivo" que acuñó Bush para definir la doctrina de su Gobierno.
El último golpe al reducto progresista en el que Powell está atrincherado ha sido especialmente doloroso para él. Como secretario de Estado, se ha visto obligado a anunciar la cancelación de 34 millones de euros en ayudas a la ONU para agencias internacionales de planificación familiar.
Bush, siempre fiel a la más estricta política antiabortista, no podía consentir que parte de ese dinero pudiera acabar en organizaciones o Gobiernos que fomentan planes de control de la natalidad enfrentados a sus propias convicciones personales.
El punto de vista de Powell está lejos de coincidir con la corriente de opinión que caracteriza al partido Republicano: no sólo defiende con devoción el derecho al aborto, sino que propugna también la educación en métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. También se ha opuesto sistemáticamente a algunas de las decisiones más controvertidas de su Gobierno.