Tanto en la ciudad capital y sobre todo en el distrito de San Miguelito, hacen falta aceras para que las personas puedan caminar sin temor a ser atropellados.
A parte de la necesidad de veredas, hay conductores que las usan como estacionamiento.
Caminar por una calle o avenida de la urbe es arriesgar la vida entre el congestionamiento de autos, "diablos rojos" y tránsito de motos y bicicletas.
Los peatones tienen que esquivar carros mal estacionados, alcantarillas sin tapa, buhoneros, basureros e instalaciones de publicidad.
Panamá América realizó un recorrido y constató que en barriadas hay personas que tienden a colocar baldosas para adornar las entradas de sus casas en terrenos que pertenecen a la servidumbre pública.
Según el Ministerio de Obras Públicas está prohibido utilizar parte de la servidumbre pública para construir o anexar cuartos a las residencias.
A esto se suma el peligro que tienen las personas al caminar por el lugar cuando hay aguaceros, porque este material es resbaladizo.
Producto de su caída se fracturó en la muñeca derecha y todavía se cuestiona ¿quién le paga esta lesión física?
En la destrucción de las aceras también participan instituciones estatales o privadas que destruyen las veredas para mejorar un sistema de drenaje, distribución de agua o electricidad, o cualquier otro servicio público.
El acuerdo municipal número 148 de 1 de diciembre de 2006, en su artículo primero, establece que los constructores, propietarios o promotores de obras, en el distrito capital, "están obligados a construir aceras peatonales de 2.20 mts. de ancho, con superficies uniformes, planas y contínuas, con revestimiento y acabado antideslizante, similar al instalado en el exterior de las obras que ejecutan".