Las ruedas de la diplomacia se están moviendo a todo vapor para evitar que las relaciones entre Estados Unidos (EU) y Panamá entren en un nuevo periodo de enfriamiento por la polémica que ha desencadenado el cuestionado ritmo de la limpieza de las bases militares por parte del Pentágono.
A menos que los diplomáticos puedan llegar a una pronta solución, una gresca publica a estas alturas podría empañar el proceso de la transferencia del Canal y de las bases militares que ambos gobiernos afirman que se está realizando en una forma "ordenada e imperceptible" para las operaciones de la vía interoceánica.
El nuevo entredicho surgió a raíz de lo que la Cancillería panameña considera un "retraso inadmisible" en los trabajos de saneamiento que las fuerzas armadas deben efectuar en las áreas revertidas de las antiguas bases
militares en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter de 1977.
"Las relaciones en este momento están complicadas," reconoció un alto funcionario del gobierno del presidente Bill Clinton que ha seguido de cerca las recientes gestiones diplomáticas en una breve conversación con El Panamá América.
Este juicio también prevaleció en una reunión el pasado fin de semana coordinada por el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca que escuchó un informe del embajador de EU en Panamá, Simón Ferro.
Ferro, quien supuestamente iba a pasar el fin de semana en Miami, donde tiene su residencia permanente, cambio de planes y continuó sus conversaciones con funcionarios del gobierno y del Congreso, presumiblemente para evitar mayores roces por el problema de las bases y los polígonos contaminados.
Asimismo, el embajador de Panamá en