1. ¿Qué opina de la candidatura independiente para todos los puestos de elección, incluido el de Presidente de la República? RM. Ya se permite para todos los cargos de elección menos para el de Presidente de la República. Extender este derecho también para el cargo de Presidente dará derecho a todos los panameños a poder ser electos y permitirá a todos los electores tener más candidatos para escoger, además de que, finalmente, forzará a los partidos políticos a postular verdaderamente a sus miembros más capaces para el cargo, pues de otro modo los candidatos independientes, siendo mejores y más populares, derrotarían a los candidatos de los partidos políticos.
BH. Todo panameño, en pleno ejercicio de su ciudadanía, que cumpla con nuestro ordenamiento jurídico puede aspirar. No tendría objeción a modificar nuestra legislación electoral para que personas que no tienen filiación política partidista tengan derecho a aspirar. En ese caso se requerirá su aprobación mediante la debida consulta ciudadana. Los requisitos que se imponen actualmente buscan que los aspirantes posean algún nivel de liderazgo nacional, de lo contrario, tendríamos decenas o cientos de candidatos, lo que provocaría una distorsión del proceso mismo.
2. ¿Qué tipo de reformas deben hacerse al Código Electoral para permitir regular este tipo de candidaturas?RM. Debe eliminarse la obligación de que el cargo para Presidente debe ser postulado por un partido político. Además, para evitar que todo el mundo quiera ser candidato, debe exigirse el respaldo a los candidatos de un porcentaje pequeño del padrón electoral de la respectiva circunscripción, para lo que podríamos recomendar el 2%.
BH. Puede que exista resistencia en algunos partidos de cambiar este aspecto de nuestra ley electoral (en la actualidad salvo el de Presidente de la República, todos los cargos de elección admiten la libre postulación), pero, repito, el soberano es el pueblo panameño y es el que debe decidir.
3. ¿Debe dársele peso específico en el Código Electoral al voto en blanco? Si su respuesta es sí, ¿Cómo lograrlo?RM. Sí. Para ello debe señalarse una casilla especial que diga voto en blanco. El voto en blanco es la opción que tiene el ciudadano que no está satisfecho con la oferta de candidatos que se han presentado, pero al mismo tiempo manifiesta este hecho al no escoger a ninguno de éstos. Además, debe contemplarse la posibilidad de que si el voto en blanco resulta mayoritario en una elección, que entonces se haga una nueva elección con nuevos candidatos.
BH. El voto en blanco significa que se renuncia a elegir, que en la opinión del votante, ninguno de los candidatos se ha ganado el derecho de ocupar el cargo sujeto a elección o, peor aún, que no existe ninguna confianza en el proceso electoral mismo. Hay diferencia entre el que se abstiene y se queda en su casa y el que va a manifestar, de esa forma su inconformidad, repito, con las candidaturas o con el sistema mismo. En nuestra cultura la participación electoral es alta y el número de votos en blanco mínimo, en consecuencia, por el momento, no se puede interpretar como una debilidad de nuestro sistema democrático a la que debamos prestar un alto grado de atención. El panameño cree en el voto útil y no bota su voto. Si esta realidad cambia, y el número de votos en blanco se incrementa habrá que asumir que se está manifestando un malestar, habrá que estudiar y reflexionar sobre las motivaciones y buscar las soluciones. Por el momento no lo considero necesario.
4. Si apoya el Voto en Blanco, ¿consideraría como buena la idea de una segunda vuelta electoral? ¿Qué representa eso para el país y la democracia?RM. La segunda vuelta no tiene el significado que mucha gente piensa. Las principales desventajas que tiene es que contribuye a que proliferen los partidos políticos y los candidatos, pues al perder en la primera vuelta tienden a negociar su apoyo a alguno de los dos finalistas a cambio de prebendas personales. Además, confieren la apariencia al candidato ganador de que goza de amplia simpatía entre los electores, cuando en realidad no han tenido más opciones; por otra parte, si hay un abstencionismo importante, los votos ni siquiera llegan a significar que el candidato electo haya sido electo por la mayoría de los ciudadanos, sino sólo por la mayoría de los que votaron.
Finalmente, si se hiciera esto bajo el principio de igualdad para todos los cargos, pues habría que hacerlo para todos los cargos de elección popular y sería un costo considerable y que, hasta el momento, no ha probado tener ninguna necesidad.
BH. Instaurar la segunda vuelta electoral va contra nuestra tradición y nuestro sistema de alianzas políticas. Todos estos cambios deben ser resultado de un proceso de maduración en la conciencia colectiva de los panameños, no puede ser una especie de fórmula mágica importada de una realidad política distinta y tradiciones políticas distintas. Adicionalmente, esta propuesta acarrearía costos mayores para el proceso electoral (serían, en realidad, dos elecciones) y le daría todavía más ventajas a aquel sector que pueda movilizar más recursos para financiar su campaña. En otras palabras, a quien se le agote el dinero para continuar, aun si es el mejor o más votado, quedaría en desventaja para una segunda vuelta. Adicionalmente, una segunda vuelta puede forzar alianzas de conveniencia coyuntural (en la segunda vuelta van todos contra el que va adelante) lo que trastocaría la gobernabilidad al poner a personas con ideologías, proyectos y programas distintos a compartir el gobierno.
5. Los topes a las donaciones para las campañas políticas. ¿Cree que ese debe ser un tema para las reformas electorales venideras?RM. Los límites de las donaciones para las campañas son indispensables. Los partidos en el poder con frecuencia solicitan donaciones que los comerciantes, empresarios y trabajadores, tanto grandes como pequeños, se sienten obligados a dar por temor a represalias en perjuicio de la producción nacional y con incidencia en la proliferación de la corrupción, lo cual está mal.
Limitar el gasto de campaña también limita el derecho de los ciudadanos a contribuir a una campaña cuando esta ha llegado a su tope. Lo que debemos hacer es impedir que un ciudadano o corporación pueda contribuir con tres millones de dólares a una campaña, y no de que tres millones de ciudadanos contribuyan con un dólar cada uno. Yo sí creo que debe ser tema de amplia discusión antes de tomar cualquier decisión.
BH. Sí, debe ponerse un tope a los gastos de campaña. No podemos continuar gestando una “democracia” exclusiva del que más dinero tiene. El dinero no debe ser el que mande en unas elecciones. Una combinación de tope a las donaciones, subsidio electoral con supervisión y regulación y transparencia, debe ser lo que se imponga.
6. ¿Apoyaría una reforma que haga obligatoria, so pena de impugnación si no se cumple, la declaración de bienes patrimoniales antes de una campaña electoral? ¿Debe ser esta declaración de conocimiento público?RM. Creo que es necesario y conveniente que se declare el origen de todos los fondos que se aporten a las campañas electorales de todos los candidatos y de todos los partidos, y que estas donaciones deben hacerse públicas. Si no se hace, ello puede representar un peligro para las arcas y el patrimonio nacional. La declaración de los bienes personales es importante para poder comparar el patrimonio de un candidato entre el momento anterior al ejercicio de un cargo público y cuando concluye su servicio, no durante la elección.
BH. Quiero recordar que soy la única candidata presidencial que ha entregado y hecho pública su declaración de bienes y la única dispuesta a ir más allá de lo que actualmente ordena nuestra ley (de entregar el listado de donantes al Tribunal Electoral); es decir, soy la única dispuesta a divulgarla y hacerla de público conocimiento.