A lo largo de las negociaciones del Centro Multinacional Antidrogas se produjeron incidentes en la frontera de Panamá con Colombia que fueron desenmascarados como maniobras de la inteligencia estadounidense para crear un clima favorable a la presencia militar de Estados Unidos. Aunado a dichos incidentes, afloraron declaraciones con la intención de afirmar que Estados Unidos tiene derecho a intervenir en Panamá tanto en la frontera como en cualquier punto del territorio panameño a la luz del Tratado de Neutralidad. Tales opiniones no toman en cuenta que el pretendido "derecho de intervención", aun si estuviese claramente redactado, es ipso facto nulo e inaplicable por constituir un delito internacional y que la potestad de restaurar el tránsito de naves, en caso de que fuese obstruido -diga lo que dijeren las enmiendas- solamente puede realizarse con el consentimiento de Panamá.
También en el Senado se han escuchado voces altisonantes que acusan, sin fundamento alguno, al gobierno panameño por haberles "entregado" los puertos del Canal a China Popular, pero ya hemos visto que la Bechtel Corporation gozó de la insólita oportunidad que le ofreció el gobierno de Pérez Balladares de ser los primeros cotizantes sin llamar a una licitación internacional, lo cual ellos (los mismos que ordenaron la desestabilización de Panamá) desaprovecharon. Todavía después de convocarse a una licitación internacional, se produjeron dilatadas y accidentadas consideraciones que le permitieron a la Bechtel mejorar su oferta frente a las de japoneses, hongkoneses y europeos que participaron, mas tampoco entonces reaccionaron constructivamente. Entonces, ¿de qué se quejan?
Afortunadamente, mediante declaraciones responsables del ingeniero Alemán Zubieta, la Comisión del Canal ha rechazado tan descabelladas acusaciones que solamente buscan agitar un discurso ideológico pasado de moda para recuperar el símbolo perdido del poderío estadounidense y que insinúan que China está en posición de cerrarle el paso a naves de Estados Unidos.
Lo que ocurre que, para restregarnos nuestra condición colonial, los portavoces del colonialismo en Panamá hablan de Howard como "la joya" del imperio que Jimmy Carter entregó a los panameños, del mismo modo que los ingleses hablaban de haber perdido "la joya de la Corona" cuando la India (con Gandhi) obtuvo su independencia en 1948, o cuando Hong Kong regresó a la soberanía china en 1997. Simplemente, algunas personas en Estados Unidos sufrirán una crisis de identidad a raíz del 31 de diciembre de 1999.
Pero el debate sobre la frontera y los derechos de Estados Unidos según el pacto de Neutralidad no es ocioso, pues pretende crear el clima favorable para una mayor intervención militar de Estados Unidos, junto a otros países, en la guerra civil colombiana a fin de impedir un triunfo de los insurgentes.
La filmación de presuntos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Miel fue casi seguramente un operativo de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Yo mismo había obtenido la información de que una cierta persona había llamado a Canal 4 para filmar a los guerrilleros, pero fue Canal 13 el que envió a los periodistas, y el propio Director de la Policía, José Luis Sosa, declaró después que alguien había llamado desde La Miel a la televisora para que vinieran a ver el desfile de los guerrilleros de las FARC.
Según fuentes de entero crédito, como lo son diplomáticos bien informados de todo cuanto sucede en la Organización de Estados Americanos, ante la posibilidad de que el proceso de paz fracase y de que Estados Unidos requiera el uso de la fuerza en Colombia, Washington necesitaría involucrar en sus planes al nuevo gobierno en Panamá, al que le darían a cumplir un rol de satélite.
Según dichas fuentes, Estados Unidos planea realizar un "trabajo de preparación" con el nuevo gobierno panameño, tratando de convencer a los nuevos dirigentes sobre la necesidad de preservar la presencia militar estadounidense, si bien en menor escala que antes. A tal fin, Washington explotará activamente la tesis de la amenaza al Canal por parte de los narcotraficantes y "narcoguerrilleros".
Ahora bien, Estados Unidos entiende que la utilización de fuerzas militares para "proteger" la frontera con Colombia no va a ser bien recibido en Panamá. Por tal razón, y para lograr su objetivo, la Casa Blanca le ha recomendado al Pentágono hacer hincapié, en conversaciones con miembros del nuevo gobierno, que Estados Unidos está listo para otorgar un status especial a Panamá en el campo comercial, suscribir un tratado especial de libre comercio con Panamá o permitir la libre entrada de mercancías de Panamá al mercado de Estados Unidos.
En caso de que Panamá no acepte, Estados Unidos estaría dispuesto a ejercer presiones mediante mecanismos financieros internacionales, incluyendo la amenaza de restringir la circulación del dólar en Panamá.
Si la información resulta cierta -y nuestra experiencia con las sanciones anteriores a la invasión nos indica que la lógica es consecuente- ello significaría que Estados Unidos es incapaz de sostener una relación madura y respetuosa con Panamá; que ellos no quieren un Canal neutral porque sus acciones lo pondrían en peligro y lo harían objeto de represalias, y que Estados Unidos estaría dispuesto a llegar a los extremos con tal de que se impongan sus intereses estratégicos en la región, aun a expensas de nuestra paz, de nuestra soberanía y de la gobernabilidad en el país.
Ahora que el Canal será de propiedad nuestra, la política exterior panameña debe ser radicalmente distinta a la existente cuando el Canal era controlado y protegido exclusivamente por Estados Unidos. Estados Unidos debe permanecer tranquilo y conformarse con la eficiente operación del Canal y el libre tránsito, en todo tiempo, para todas las naves, siempre que no pongan en peligro nuestra seguridad nacional y la de la vía. En el caso extremo de que no podamos mantener el Canal abierto, las circunstancias dictarán si pediremos ayuda o no a Estados Unidos.
Conviene más a Estados Unidos tratarnos con respeto que humillarnos nuevamente como servil satélite.