El religioso, que ha trabajado con éxito en la resocialización de pandilleros juveniles en Honduras, señaló que el problema de las "maras" no es de exclusividad y recomendó a las autoridades locales a prestarle mayor atención a la juventud.
El Arzobispo lamentó que los gobiernos y la propia población, agobiados por el problema, se inclinen por la opción represiva que es la salida más fácil del problema.
De no considerar el tema de las pandillas juveniles como prioritario, insistió, estaría en riesgo la institucionalidad democrática y la propia seguridad regional. "No podemos ignorar este fenómeno", expresó.
Los "mareros" no cuentan con líderes únicos que orienten su accionar y tampoco profesan adoración o respeto a Dios.
En Honduras, a través de un programa de "micro empresas", se logró resocializar a varios pandilleros juveniles con apoyo de la Iglesia.
El impacto del cine, la música y otras formas de entretenimiento son responsables del flagelo.