En la ciudad de Panamá caía un aguacero acompañado de fuertes relámpagos. El temporal hizo que el bebé se despertara asustado.
Y no era para menos. Hasta Celestina empezó a atemorizarse por las lluvias porque se encontraba soló con el pequeño y su otro hijo de seis años, su esposo estaba hospitalizado.
De pronto, uno de los rayos impactó sobre uno de los muros del histórico convento y éste se desplomó. Lo que vino después hizo noticia: ella y su recién nacido resultaron con golpes en su anatomía.
Celestina tuvo que se trasladada de inmediato al Hospital Santo Tomás para recibir atención médica, mientras que el bebé fue llevado al Hospital del Niño.
El niño de seis años salió ileso y Celestina, aunque todavía le cuesta moverse con facilidad porque algunas piedras fueron a dar a su cabeza y cuello, está fuera de peligro.
Los familiares de Celestina y ella misma, están conscientes de la intervención divina en esta tragedia.
Su hijo, de menos de un mes, está vivo y los médicos han decidido realizarle otros exámenes para evaluarlo, porque en el excremento se le detectaron unas pintas de sangre.
Así mismo, Celestina, pese a los golpes, resistió para contar lo ocurrido.
Un recorrido de Panamá América por el lugar permitió observar el lugar de los hechos. En el cuarto, la cama del hijo mayor de Celestina quedó sepultada por las piedras arrojadas por el muro que se desplomó y de la cuna del bebé no hay rastros, quedó destrozada.
Jorge Isaac Cantos, esposo de Celestina, cuenta que no pudieron salvar nada. El televisor quedó hecho trizas, al igual que la cuna, dos estantes y los resortes de la cama matrimonial.
Cantos está muy triste, en el 2000 había hecho algunos arreglos a su casa. Cambió el zinc, construyó unas vigas para sostenerlo y un baño interno que hasta ese momento, no tenían.
Sin embargo, este caso tiene varias aristas. Cantos y su familia habitan en propiedad privada y lo saben, pero aseguran que tienen más de 36 años de residir allí y que las autoridades nunca se han acercado a hablarles de su situación.
Él es jubilado y dice que su ingreso mensual no llega a B/. 200 y su esposa no trabaja. De ese salario mensual subsisten seis personas.
Cantos sigue en el viejo caserón, durmiendo en la sala, mientras que el niño de seis años está al cuidado de un tío, quien lo alojó en su casa hasta que las autoridades puedan darle una solución de vivienda.
Ariel Espino, director de las Oficinas del Casco Antiguo (OCA), dijo a Panamá América que se tomó la decisión de mudar a la familia afectada, pues está muy cerca del muro de la iglesia y en cualquier momento podría repetirse el incidente.
"Lo más saludable es mudar a la familia y demoler la estructura, ya que además de estar en peligro, las personas que la habitan están invadiendo propiedad privada" precisó.
Maricarmen Rodríguez, coordinadora del ministerio de Vivienda (MIVI) en San Felipe, manifestó que las primeras acciones que se estarán realizando es darle un terreno de 36 metros cuadrados a la familia, que no tiene dónde ir, para que levante su vivienda. Eso será en unos dos meses.
Se conoció que una de las familias tiene una casa en Vacamonte y únicamente se le van a proporcionar los materiales para que realicen un anexo en esa residencia.
"El MIVI les proporcionará el terreno y los materiales a las familias afectadas para que construyan sus casas en Arraiján, pero ellos se tienen que comprometer a facilitar la mano de obra", sostuvo.
Todo este sector es parte de un gran programa de reestructuración.
La iniciativa es un trabajo conjunto entre la OCA, entidades como el MIVI, la Junta Comunal de San Felipe, el Patronato de Panamá Viejo y el Instituto Nacional de Cultura (INAC).
La casa que el MIVI proporcionaría a la familia es denominada unidad básica de vivienda y tiene un costo aproximado de B/. 3 mil.
El día que ocurrió el incidente, la Junta Comunal de San Felipe le proporcionó a la familia afectada tres colchones. Eso es lo poco con lo que cuentan hoy día.