Situaciones más comunes
- Tanto en la capital como en el interior del país
Otros casos
- En una relación de amistad o noviazgo, en la cual no ha habido intimidad, la mujer puede ser atacada por su pareja, tal vez por los juegos sexuales preliminares a los que accedió.
Los hechos
- que se denuncian son pocos, porque la víctima, avergonzada, humillada, denigrada, no desea ventilar esto ante extraños.
El agresor
- logra persuadir a la víctima de que no lo denuncie, que lo perdone, que no se volverá a repetir “si ella no quiere”.
Incidente criminal
- Queda guardado entre ambos, como un secreto de pareja, que eventualmente se sumará a otros similares.
La mujer
- no advierte que se está ligando a un abusador, que con seguridad no se frenará en un futuro para golpearla o ultrajarla.
Las pruebas
- -Ante el asalto sexual en grupo, la prueba de ADN es segura para la identificación de todos los perpetradores.
Identificación
- se complica si el ADN rescatado, a pesar de haber sido acusados por ella, no aparezcan positivamente identificados.
Vulnerabilidad
- Son factores de riesgo en estos delitos: la edad de la víctima, condición de salud, escolaridad, las características del lugar donde se encuentre en un momento determinado; y las condiciones a las que se halla expuesta en ese instante.
Falta de datos
- En Panamá un gran número de mujeres jóvenes adultas toman taxis y resultan violadas.
-Las fiscalías
- En Panamá y San Miguelito se han instruido muchos casos, pero pocos se han resuelto porque las víctimas no recogen datos útiles del auto o del conductor para poder identificarlo y capturarlo.
No se anota
- la matrícula que lleva en la puerta el taxi, el modelo, las señas particulares, golpes, abolladuras, puertas que no abren por fuera, sino por dentro, y características físicas del atacante para un retrato hablado.
Difícil de resolver
- Por las razones antes mencionadas, el reconocimiento fotográfico en la DIJ de individuos reseñados suele arrojar resultado negativo.
Proceso
- No bañarse
- después de un ataque sexual y preservar la ropa interior, así como el papel sanitario con que se aseó.
- Acudir
- a la agencia especializada en delitos sexuales más cercana.
- Práctica
- Hacerse el examen médico.
- Rendir
- declaración ante las autoridades
Los casos de violación o abuso sexual superan ampliamente en cifras a los de homicidios. Solo en 2012 se registró un promedio de tres casos por día en la capital, Panamá Oeste, San Miguelito, Chiriquí y Colón, en donde se dan la mayoría de casos.
Según cifras del Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (Siec) del Ministerio de Seguridad, en los últimos seis años se ha registrado un incremento en las denuncias presentadas por violación de 335 casos, eso sin contar aquellos que no se dan a conocer por miedo al escarnio público.
En 2007 se reportaban 855, mientras que 2012 cerró con 1,190, lo que llama poderosamente la atención de las autoridades.
Si se hace un análisis del último quinquenio, los hechos de violación carnal comenzaron a superar las cifras de 900 casos al año entre 2009 y 2010 (ver ilustración). Incluso, algunos hechos terminan siendo fatales para la víctima.
El caso más reciente fue el de la menor Isabel Becerra, de 13 años de edad, cuyo cuerpo fue encontrado días atrás desnudo y con dos heridas de arma blanca, en la comunidad Polanco, Capira.
La menor se mantenía desaparecida desde el pasado domingo 20 y fue hallada sin vida el día siguiente a orillas del río que lleva el mismo nombre del poblado. Resultó que dos primos, de 27 y 28 años la violaron y luego la asesinaron porque esta logró reconocer a uno de ellos.
Esto comprueba la tesis de que, por lo general, las víctimas resultan violadas por miembros de su propia familia.
De los hechos denunciados en estos años, el 95% son de mujeres y el 5% resultaron ser hombres, informó Omar Blandón, jefe del Observatorio de Violencia y subdirector del Siec.
En relación con los hombres, la mayoría son adolescentes entre 15 ya 20 años. La constante de estos casos es que la violación se da por el abuso de confianza. Por ejemplo, se utiliza la seducción y lo mismo ocurre con las niñas. Los violadores las seducen con plata.
En la mayoría de los hechos que se denuncian, la víctima ha tenido contacto con su violador, pero al rechazar o negarse a tener relaciones sexuales con él, este aprovecha el momento adecuado para abusar de la víctima. En los últimos años no se han detectado violadores en serie; la mayoría son delincuentes primarios. [B]Sigue en pág. 4[/B]
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Informaciones suministradas por el Sistema Penitenciario reflejan que la mayoría de los que llegan a las cárceles por violación son de primer ingreso y no hay reportes de reincidente.
Los violadores eligen la víctima con tiempo. Hay varios tipos, aquellos que tienen un contacto formal con la persona, los que andan por las calles y atacan, y los otros que son familiares o allegados a la familia.
A diferencia de los delitos de abuso sexual, los casos de estrupo (no existe la violación per se porque las víctimas menores de edad accedieron, pero el victimario es mayor de edad) disminuyeron en 2010 y 2011, pero en 2012 hubo un aumento (ver ilustración pág. 3).
“Si hubiese una adecuada educación sexual en el país, eso disminuiría un poco el problema”, sostuvo Blandón.
El funcionario considera que la sociedad en sí debe tomar mucha prevención, en la forma de cómo aprender a decir no a las personas; y también contribuiría una adecuada forma de protección, ya que hoy día se ve a muchachas adolescentes en fiestas en las noches.
Las secuelas
El impacto que ocasiona el ser víctima de una violación es funesto. Rodolfo González, psicólogo que ha atendido casos como estos, señaló que la mejor terapia es aquella en la que se integra a los familiares.
De hecho, reconoció que la misma sociedad se encarga de marcar a las víctimas, señalándolas como una mujer o niña que fue abusada sexualmente.
En un adulto se crea más frustración, pero a veces muchos caen en depresión. En cambio, en niños o niñas abusadas se refleja lo contrario, se aíslan, no quieren comer, jugar, desconfían de todo el mundo y no saben cómo manejar la situación.
A los adolescentes se les hace más fácil ir a terapia, pero algunos caen en adicciones (alcohol o droga) o se vuelven rebeldes. Muchas veces la misma familia los culpa y esto los afecta emocionalmente.
El tema escapa de las manos de las autoridades, y en muchos casos tienden a verlo como un factor de control del hombre hacia la mujer. “Lo que se ve es el desfase en el aprendizaje de los hombres, la cultura machista prevalece”, dijo el especialista.