Nación

Cazar para sobrevivir subsistir?

El pato güichichi, el conejo poncho y el gato solo, son los más codiciados entre los cazadores.


A PESAR de la vigencia de leyes que protegen la vida silvestre y reglamentan la caza en el país, no falta quienes insisten en atrapar animales para su consumo.
No hay criterios de preservación de las especies en peligro de extinción.
Según la jefa de la Policía Ecológica de Panamá, Ivette González de Rivas, los cazadores de subsistencia lo hacen sin preocuparse por cuántos animales pueden capturar.
"Son gente muy humilde, en su mayoría mayores de 50 años, que siempre han dependido de la cacería para subsistir", indicó González a Panamá América.
Se trata de gente que tiende a hacer trueque con lo que cazan, una costumbre adquirida desde hace muchos años.
Significa que si por ejemplo, consiguen un venado, rápidamente encuentran por qué cambiarlo.
"Pero, ahora existe la ley y hay que cumplirla, es allí donde tenemos un poco de problemas porque hay que capacitar a las comunidades. Es difícil, sin embargo, hay que hacerlo", subrayó González.
La Policía Ecológica fue creada mediante los Tratados Torrijos-Carter, en el año de 1977 y se llamaba en aquella época, Guardia Forestal.
"Nuestra labor fundamental es la protección y preservación de las áreas protegidas del país", indicó González, una mujer joven que ha hecho de su oficio, una filosofía de vida.
Además de la caza de subsistencia, existe también la deportiva.
Ésta consiste en practicar la cacería de forma lícita, con fines recreativos y no de lucro.
González de Rivas señaló que los cazadores deportivos se rigen por las normas, por ejemplo, saben que la ley vigente les permite cazar hasta cuatro patos "güichichi" porque es un ave que abunda en el país.
Al respecto, Melquíades Ramos, de la dirección nacional de Áreas Protegidas de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), también defendió la caza deportiva.
Aclaró que esta actividad está reglamentada y el pago va a un fondo que es utilizado para la vigilancia y control de los cazadores ilegales.
Consideró que en la actualidad la gente está tomando cada vez más conciencia sobre la caza ilegal, debido primordialmente "a la existencia de una ley que penaliza esta actividad si se hace clandestinamente".
La mayoría de los cazadores provienen del área de Chilibre, Arraiján y La Chorrera, quienes se van a los polígonos de tiro, un área muy peligrosa.
También se practica la cacería en Chepo, Darién, Chiriquí (cuando es la época de la torcaza), Coclé y ciertas regiones de Herrera y Los Santos.
Los cazadores tienden a buscar el saíno, el conejo pintado y el venado, todos en peligro de extinción.
La mayoría de las armas incautadas a los cazadores ilegales en Panamá son heredadas de padres y abuelos. Datan de 1950.
Son armas viejas que han adaptado a sus necesidades.
Según registros de la Policía Ecológica, de enero hasta la fecha, las autoridades han decomisado unas a 12 escopetas.
La mayoría son calibre 20 ó 22, sin permiso.
También han atendido casos en los que no tienen escopeta, pero sí cuchillos.
Las unidades de la Policía Ecológica mantienen estadísticas, trabajan basados en evidencias de los casos, porque a veces la carne se tiende a podrir.
Como no pueden cargar la carne ni llevarla a la División de Delitos Ambientales en la PTJ en estado de putrefacción, con el permiso de la Fiscalía, toman fotos o video de lo incautado.
De no ser enterrado, se le prende fuego utilizando un químico inflamable.
También se han reportado accidentes de gente que va a cazar y que tal vez por el nerviosismo o por su primera experiencia, quedan heridos o mueren.
La legislación prohíbe a los menores de edad acompañar a los adultos en jornadas de cacería.
Los operativos para decomisar armas son constantes.


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241206
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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