Washington.- Panamá ha llevado a la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) su reclamo de que Estados Unidos no está cumpliendo cabalmente con la limpieza de los campos de tiro de las bases militares que han revertido a territorio panameño en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter.
"El tratado que expira dentro de 150 días, establece con toda claridad que Estados Unidos estará obligado a remover todos los peligros a la vida humana antes de cesar el uso por parte de sus fuerzas armadas," declaró el canciller Jorge Eduardo Ritter en un discurso conmemorando la firma de los Tratados.
Ritter habló durante una sesión protocolar del Consejo Permanente que se celebró en el mismo Salón de las Américas donde el 7 de septiembre d 1977 el presidente Jimmy Carter y el general Omar Torrijos firmaron los históricos documentos ante una ilustre asamblea de jefes de Estado de toda América convocados por el entonces Secretario General de la OEA, el diplomático argentino Alejandro Orfila.
Los tratados que llevan los nombres de los dos líderes, señaló el canciller, "aún constituyen ejemplo de lo que puede lograrse cuando una negociación, por compleja que sea, se acomete con amplitud de miras, determinación, paciencia y buena fe".
Ritter fue presentado por el presidente del consejo, Sir Arlington Griffith Butler, de las Bahamas, quien, hablando en nombre de todos los miembros, felicitó a los gobiernos de Panamá y Estados Unidos "por el armonioso proceso de transición y por los esfuerzos que han hecho para cumplir con los términos de los tratados canaleros y el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal".
A continuación habló el secretario general adjunto de la OEA, Christopher R. Thomas, quien recordó las palabras de Orfila en 1977, cuando el diplomático argentino caracterizó la firma de los tratados como simbolizando "la llegada de la madurez del sistema interamericano". Thomas representó al secretario general Cesar Gaviria, quien se encuentra tomando vacaciones en Asia.
Por su parte, Ritter inició su presentación con las siguientes palabras: "Si fue desde aquí que se le dijo al mundo que Panamá y Estados Unidos estaban dispuestos a ponerle fin a las causas de conflicto, es apenas natural que sea también desde aquí que se le informe a la comunidad internacional la manera como esos pactos se han ejecutado en estos veinte anos.
"En esa misma fecha, ambos países pactaron que el canal sería permanentemente neutral, y ese compromiso, que no expira el 31 de diciembre, yo quiero reiterarlo hoy aquí. Cuando el canal pase a la jurisdicción panameña, solo a Panamá le corresponderá la responsabilidad de protegerlo y de defenderlo. Y creemos, precisamente, que la mejor defensa del Canal es su neutralidad, es decir, que en tiempos de paz y en tiempos de guerra, el Canal estará abierto a todas las naciones del mundo sin discriminación."
Haciendo notar la presencia en el salón del futuro administrador del Canal, el ingeniero Alberto Alemán, Ritter continuó: "Sé que las expectativas de la comunidad internacional se han concentrado
en el 31 de diciembre de este año porque esa es la fecha en la que el Canal será transferido. Pero ese día, a las doce del mediodía, hora de Panamá, lo único que va a ocurrir es eso: un cambio de jurisdicción que muy poco se va a notar. Tendrá, por supuesto, un valor extraordinario para toda América por lo que significa en términos históricos, políticos y diplomáticos. Y será para Panamá un acto de reivindicación, una reafirmación de su soberanía, una integración plena de su territorio y de sus recursos. Pero será fundamentalmente una transferencia jurídica que los usuarios del Canal ni siquiera van a notar".
En una alusión a las discusiones en el Congreso de Estados Unidos sobre la futura seguridad del Canal sin la presencia militar del Comando Sur, Ritter puntualizó: "La próxima transferencia del Canal no es, pues, un acto bilateral entre Estados Unidos y Panamá al que son ajenos los países de nuestro continente," añadió. "Todas las naciones de América han sido de una u otra forma parte de la odisea que ahora termina. Así está pactado y así debe cumplirse.
"Las adhesiones a ese tratado concerniente a la neutralidad permanente y al funcionamiento del Canal están depositadas aquí, en la Organización de los Estados Americanos, como una prueba del carácter universal del compromiso y como un reconocimiento al papel que este organismo está llamado a jugar en la relación entre las naciones del continente".
Las palabras de Ritter fueron bien recibidas por los representantes permanentes de los 34 miembros de la OEA que se unieron a un público de visitantes panameños y funcionarios del organismo en un largo aplauso.
Varios diplomáticos sudamericanos las caracterizaron como una efectiva y moderada presentación de un proceso que tuvo sus altibajos en el curso de los 17 años que duró la negociación entre los dos gobiernos, casi tantos como los 20 de su implementación.
Casi al final de sus presentación de unos 20 minutos, Ritter anotó que el problema de los polígonos ha quedado como el único por resolver en el largo proceso de la reversión de las tierras de la antigua zona del canal.
"Faltaría a la verdad si afirmara que los desacuerdos han estado ausentes de este proceso," dijo. "Es cierto, sí, que todas las reversiones se han hecho a tiempo, incluso algunas se adelantaron y otras se retrasaron siempre a pedido de Panamá. La presencia militar de Estados Unidos prácticamente terminó el pasado 31 de julio con el retiro del Ejército Sur.
"Aunque aún restan por revertir dos de las 14 bases militares que había cuando se firmaron los tratados, no existe hoy una presencia militar, y ese retiro, repito, se ha hecho de una manera ordenada y puntual. También es cierto que en la preparación para asumir la administración, los panameños hemos recibido más cooperación de a que todos habían anticipado.
"Sin embargo", señaló, "en materia de saneamiento de los polígonos de tiro y áreas de bombardeo han escaseado los entendimientos que en otros campos han abundado".
"Pues bien, buena parte de las áreas que se utilizaron como polígonos de tiro y áreas de bombardeo han sido devueltos sin el beneficio de ese saneamiento, y sin que los países hubieran acordado un mecanismo para remover, aún después de la fecha de su entrega, los explosivos no detonados, que constituyen peligros reales a la vida humana."
"Panamá no solo carece de la tecnología necesaria para la ubicación y remoción de los explosivos sin detonar," continuó, "sino que no está en capacidad de asumir los costos de una tarea que es responsabilidad de los que cuentan con la tecnología adecuada y los recursos suficientes para acometerla, y que además tienen la obligación jurídica y moral de concluirla".
El representante de Estados Unidos, el embajador Víctor Marrero, pronto a ocupar un cargo de juez federal en Nueva York, se concentró en las palabras del canciller pero sin expresar ninguna emoción en su rostro.
El discurso de Ritter no representa una solicitud formal de acción por parte de la OEA, pero se entiende que el embajador Lawrence Chewning Fabrega, quien nuevamente ocupó la silla de Panamá después de cuatro meses de "vacaciones forzadas" ordenadas por la Cancillería, se apresta a consultar con sus colegas si la situación merecería alguna consulta por parte del organismo interamericano.