En Centroamérica hay cerca de 9 millones de jóvenes de 15 a 24 años, de los cuales 2 millones no estudian ni trabajan (nini) y 3.25 millones, aunque tampoco estudian, trabajan pero en condiciones precarias; se ocupan en sectores de baja productividad y en trabajos informales sin seguridad social.
Se trata de una problemática que trasciende la condición de jóvenes “nini”, que no estudian ni trabajan, y evidencia un grave proceso de rezago y exclusión social.
En el contexto centroamericano recientes estudios realizados por el Proyecto Estado de la Región para su Quinto Informe (2015), con el apoyo financiero de la Organización Internacional del Trabajo, evidencian que la mayoría de jóvenes excluidos es de población rural, mujeres que no estudian ni trabajan por sus obligaciones en el hogar y hombres que abandonaron sus estudios por trabajos precarios y de baja calidad.
Centroamérica necesita elevar el nivel educativo de su población para lograr mejorar sus bajos niveles de productividad y aprovechar la ventaja de contar con flujos crecientes de personas en edad laboral.