Nación

Cinco niños que se acuestan sin comer

El interior de esta humilde vivienda en Chilibre es un reflejo de dolor y sufrimiento.


CASI no podía contener las lágrimas. Sus ojos lentamente comenzaron a ponerse rojos y la tristeza se apoderaba del lugar.
Las penurias que vive Iladiris Jiménez, junto a su esposo y sus cinco hijos, son para reflexionar.
La casa No. 7 donde vive, en San Vicente, en el corregimiento de Chilibre, ha sido terminada con hojas de zinc viejo y pedazos de madera.
Esta coclesana no sólo se siente olvidada, sino que su estadía allí es el reflejo de que la pobreza está en todas partes y las necesidades, son una constante.
"A veces los niños se acuestan sin comer, con hambre y no puedo hacer nada, porque el dinero no alcanza para todos los gastos de la casa", dijo Iladiris, mientras sus palabras eran un claro grito de auxilio.
Sus cinco hijos, uno de 7 años, 5, 4, 2 y 4 meses, ya saben que es pasar necesidades y tener que sentir el estómago gruñir sin poder responderle con un bocado de "algo".
El esposo de Iladiris, Inocente Rodríguez, es ayudante en una empresa donde se cría puercos, pero lo que gana, a duras penas les alcanza para comer y "si se almuerza no se desayuna" o viceversa.
Ella cuenta que lo que le puede ofrecer, cuando hay, a sus cuatro hijos es un plato de arroz y más nada. El gusto de una carne guisada o una presa de pollo, está sólo en su más profundos deseos.
Los ojos de los niños reflejan la inocencia y las ganas de brincar y correr como los otros, pero la pobreza que los rodea les gana la batalla.
Como es de esperarse, no tienen útiles escolares completos y usan zapatos viejos para ir a la escuela.
Además, ya se han resignado a caminar bajo el sol mañanero o la lluvia para asistir a clases, en compañía, claro está, del hambre que les quema el estómago.
Cada vez más, el desayuno de por lo menos arroz, es toda una odisea.
Iladiris comenta que los dos hijos más grandes están en la escuela, uno en kinder y otro en segundo grado, no obstante, se les hace difícil estudiar por la falta de libros y cuadernos.
La casa donde viven esta familia chilibreña no tiene luz eléctrica, por lo que la noche se hace más larga. Lo que hacen es usar una vela, cuando pueden comprarla.
Es gente humilde, pero no han perdido la esperanza de mejores días.
Panamá América abordó a esta familia recientemente a eso de las 3: 00 de la tarde y para entonces sólo habían desayunado arroz del día anterior.
Iladiris aprovechó para pedir un lote y salir de allí, pues las recientes lluvias tienen a sus hijos atemorizados, luego de la crecida de la quebrada.
La casa donde residen es muy caliente porque está hecha en su mayor parte con zinc, lo que provoca en los más chicos problemas en la piel.


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242381
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América