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Clinton defiende desarrollo económico estadounidense


Washington -Hay quienes pensaron que el presidente Bill Clinton aprovecharía su último informe anual al Congreso para reflexionar sobre los aciertos y los equívocos de los dos agitados periodos de su gobierno, a un año que le queda en la Casa Blanca.
Esa expectativa desconocía el inquebrantable espíritu de lucha que ha caracterizado a este ex gobernador de Arkansas que hace sólo un año superó el enorme e inútil esfuerzo realizado por los republicanos más conservadores para procesarlo y deponerlo por infidelidad matrimonial.
En cambio, en la séptima presentación anual del llamado "Estado de la Unión", Clinton se disparó un agresivo y ambicioso programa legislativo como si estuviera dispuesto a iniciar un nuevo periodo de cuatro años al timón de la nación más poderosa del mundo.
Aunque el discurso de hora y media fue el más extenso de su presidencia, el mandatario pudo resumir el mensaje central a los legisladores y a la nación en 60 palabras:
"Somos afortunados de estar vivos en este momento de la historia. Nunca como ahora nuestra nación ha gozado de tanta prosperidad y progreso social con tan pocas crisis internas y tan pocas amenazas extranjeras. Nunca antes hemos tenido tantas dichosas oportunidades -y por ello una igualmente profunda obligación- de construir una unión más perfecta que los sueños de nuestros fundadores".
Mas que nada el discurso, premiado por una ovación tras otra en la que participaron legisladores de ambos partidos, fue un programa de gobierno que el vicepresidente Al Gore, el probable candidato demócrata, llevará consigo a la campaña política para las elecciones del próximo noviembre.
Con aspecto juvenil y voz firme, Clinton habló con orgullo del "boom" económico sin precedentes que está viviendo el país y el hecho de que por primera vez en 43 años hay un gran superávit presupuestario.
Así confiado, el mandatario anunció un re corte de impuestos de 350,000 millones de dólares para los próximos 10 años. De esta manera, el ocupante de la Casa Blanca, una vez más, le roba a la oposición republicana su máxima bandera electoral, como es la del recorte de los impuestos.
En una maniobra similar, el presidente también propuso el mayor incremento en gastos militares desde los antiguos días del gobierno de Ronald Reagan, cuando la Guerra Fría obligaba a las potencias mundiales a hacer demostraciones permanentes de su fuerza bélica.
Como en sus mensajes anteriores, la política exterior y asuntos de seguridad permanecieron marginados. En escuetos términos el énfasis nuevamente fue puesto en las relaciones con Rusia y China mediante un llamado a estas dos potencias para que se unan a Estados Unidos con el propósito de "ensanchar las filas de las naciones estables, prósperas y democráticas", a la vez que resaltó el papel de su gobierno en los procesos de paz en el Oriente Medio, Irlanda del Norte.
La única referencia específica a Latinoamérica fue la anticipada exhortación a que ambos partidos apoyen el paquete de ayuda económica y militar a Colombia por un monto de 1,600 millones. También reanudó su viejo compromiso de buscar paridad con el NAFTA para los países de Centroamérica y el Caribe, el plan llamado Iniciativa para la Cuenca del Caribe.
"Debemos respaldar a estas democracias, especialmente a Colombia que está luchando contra el narcotráfico por la vida de su gente y por la vida de nuestros niños," señaló, arrancando los aplausos tanto de demócratas como de republicanos.
"He propuesto un vigoroso paquete de dos años que ayude a Colombia a ganar esta guerra. Quiero agradecer a los líderes de ambos partidos por escucharme a mí y al presidente de Colombia. Esto tenemos que aprobarlo, quiero pedirles su ayuda porque hay mucho en juego y es muy importante para la estabilidad a largo plazo de nuestro país y para lo que pase en Latinoamérica".
El apoyo bipartidista que goza esta iniciativa y algunas otras de orden social propuestas por Clinton, se dejó entrever por la manera en que los republicanos se unieron a los demócratas en una ovación tras otra. Aunque el mandatario no escatimó críticas a la oposición por su "inercia ante proyectos que requieren acción", en cierto momento Clinton se dio vuelta para estrechar la mano al líder republicano de la Cámara, J. Dennis Hastert, por su ayuda en una iniciativa para impulsar inversiones en los sectores más necesitados en las áreas urbanas.
Este fue un indicio más de una mejoría en las relaciones entre la Casa Blanca y Hastert, quien, junto con el líder del Senado, Trent Lott, reclamaban a Clinton que no permitiera el traspaso a Panamá de la base aérea de Howard.
Por cierto, en medios diplomáticos y académicos se esperaba que Clinton hiciera alguna alusión a la transferencia del Canal de Panamá a las autoridades panameñas, no sólo como el cumplimiento cabal de un hito iniciado durante la presidencia de Lyndon Johnson que culminó con la firma de los tratados Torrijos Carter de 1977, sino como un considerable galardón para la tradición anticolonial de los gobiernos demócratas del pasado siglo.
Las omisiones y las implicaciones para el principio de la no intervención en la ayuda a Colombia suscitaron un comentario del ex embajador Robert White, presidente del Center for International Politics, un organismo no gubernamental que lucha por los derechos humanos, la protección de la democracia y del medio ambiente.
"Al no mencionar a Panamá y el histórico regreso del Canal en su interminable discurso, Clinton perdió una oportunidad más de subrayar una nueva relación con Latinoamérica basada en la igualdad judicial, el respeto por los tratados y el derecho internacional.," expresó White, quien fungió de embajador en Paraguay y El Salvador, en una entrevista telefónica con este corresponsal.
"También faltó alguna referencia al alarmante estado de la democracia en Venezuela, Perú, Ecuador y Paraguay. Cierto que Clinton puso mucha atención a la situación de Colombia, aunque no del tipo que ese sufrido país requiere.
Muchos de los diplomáticos latinoamericanos que estuvieron presentes habrán sentido escalofríos por la masiva ayuda militar prometida por el gobierno del presidente con el objeto de liquidar a los revolucionarios en el sur de Colombia, un área 20 veces del tamaño de El Salvador".
Por otro lado, si al discurso de Clinton le faltó una visión global como correspondería a un país rector en el concierto de naciones tras el fin de la Guerra Fría, hasta a muchos de sus adversarios políticos no le quedó otro remedio que plegarse al cerrado aplauso con que las filas demócratas premiaron el anuncio de cada iniciativa.
Uno de los momentos más dramáticos de su alocución se produjo casi al final cuando alzó su voz contra los "crímenes del odio" y el racismo como el linchamiento de un negro en Texas y el ataque a mansalva que se produjo contra un jardín de infantes judío. Habiendo creado un silencio sepulcral en la colmada sala de la Cámara Baja, el presidente continuó: "Este otoño uno de los hombres de ciencia más destacados de Estados Unidos vino a la Casa Blanca para decirnos algo que todos debiéramos recordar. Dijo que todos los seres humanos genéticamente hablando son iguales en un 99.9 por ciento. Así que la ciencia moderna afirma lo que nuestra antigua fe siempre nos ha dicho: que el factor más importante de la vida es nuestra común humanidad."
"Por eso", añadió en medio de una estruendosa ovación, "debemos hacer más que tolerar la diversidad-debemos honrarla y celebrarla".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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