Pero si esa fuente de energía de la sociedad y sus miembros están en crisis, las normas de conducta social también entran en crisis.
En estos hogares no hay tiempo para el cariño, la comprensión y el amor. Si la violencia intrafamiliar aumenta, habrá más adolescentes en crisis que manifestarán y reproducirán su conducta en base a lo que tienen en sus hogares, dice el sociólogo Gilberto Toro.
No obstante, hay hogares que son ricos en la emisión de los valores, que han evitado a toda costa que lo que sucede a su alrededor afecte a sus integrantes. Hay coherencia y consistencia en lo que se hace y se practica. Si esto falla, encontramos a jóvenes predispuestos a caer en la presión de grupo.
Cuando los padres no se ponen de acuerdo en simples situaciones como darle permiso a su hijo para salir y no se le da una respuesta lógica, le están enviando un mensaje erróneo: la razón no la tiene la decisión personal, sino la mayoría o la ejerce el que tiene el poder.
Igualmente, hay familias en las que el niño o joven encuentra un patrón erróneo de conducta, un tío, primo o hermano. Cuando en una familia en donde se practica con el ejemplo un hijo no responde a esa disciplina que se le enseñó, siempre existe un punto donde se falló: o se le dio mucho o poco, no hubo equilibrio entre lo material y lo espiritual, ni revisión entre calidad y cantidad.
Así un joven rechazado por la sociedad, con baja autoestima e ideas de venganza y que sumado a ello no respeta los derechos de los demás, se convierte en un joven delincuente que no tendrá remordimientos por cometer un delito y hasta asesinar por conseguir lo que quiere.
Finalmente, hay quienes aseguran que la delincuencia en Panamá no está en aumento, sino que es proporcional al crecimiento de la población. No hay que ser un especialista en sociología para asegurar que los problemas de la delincuencia de jóvenes está asociada a la estructura social en la que le ha tocado desarrollarse.
Una estructura social cada vez más compleja y que por lo tanto, requiere de medidas complejas para solucionarlos.
Así por ejemplo, factores como los niveles de miseria o pobreza, desempleo, narcotráfico, concentración urbana, baja escolaridad o analfabetismo, agresiones sexuales y desintegración familiar, forman parte de esa complejidad que lleva a muchos jóvenes a delinquir.
No obstante, tanto los investigadores del tema, así como las personas entrevistadas por El Panamá América indicaron que la delincuencia no es inherente a las clases sociales bajas. La conducta antisocial se puede presentar en todos los niveles de la sociedad, aunque la pobreza y pobreza extrema pueden ser condicionantes.
No obstante, son los grupos de economía alta los que aparecen como los verdaderos controladores de los hechos delictivos (cantidad de droga, armas, etc.). Es decir, como en las historias de la mafia, el gran jefe nadie lo conoce y la justicia parece que sólo alcanza a los ejecutantes.
Para el investigador en sociología, Gilberto Toro, la sociedad consumista en la que vivimos tiene su cuota de responsabilidad en este tema. Según explicó, la sociedad hace a muchos entrar en esa vorágine de la compra y venta, predisponiéndonos a querer y tener cosas. Para Gilberto Toro, los sucesos acaecidos el 20 de diciembre de 1989, han propiciado la violencia que hoy se registra en jóvenes de 16 y 17 años.
En su opinión, durante los años siguientes a la invasión norteamericana el gobierno no prestó atención a los menores que en esa ocasión tenían cuatro o cinco años, y hoy son adolescentes. Ellos fueron testigos de este acontecimiento violento ocurrido sobre todo en barrios como El Chorrillo, San Felipe, el distrito de San Miguelito y la provincia de Colón.
Explicó que las estadísticas comprueban que en esos sectores la delincuencia ha aumentado. El bautizo fue el saqueo, en donde los niños vieron cómo los adultos corrían a desvalijar la propiedad ajena.