En diciembre de 2009, Estados Unidos le canceló temporalmente a Panamá la ayuda en entrenamiento, planeación, asistencia y la información militar.
No se trataba de ninguna represalia directa contra el Gobierno de Ricardo Martinelli, sino de una medida de “precaución”.
Simplemente Estados Unidos no quería estar involucrado en una operación transfronteriza que coordinaban Panamá y Colombia contra operaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la provincia de Darién.
Para esos días Estados Unidos advirtió a ambos países de las consecuencias que podría tener una intervención militar de este tipo, tanto a nivel interno como externo, según cables diplomáticos filtrados a Wikileaks y entregados a Panamá América.
La primera Potencia del Mundo también señaló que el operativo afectaba sus planes de ayuda a ambas naciones.
El 17 de diciembre de 2009, la ex embajadora estadounidense, Barbara Stephenson, reportó a Washington que Martinelli le dijo, seis días antes, que había autorizado a las fuerzas colombianas para atacar al Frente 57 de las FARC en Darién, aprovechando las fiestas (navideñas).
Stephenson dijo que el mandatario panameño le aseveró que el plan había sido discutido el 9 de diciembre de 2009 con el director de la Policía Nacional de Colombia, el general Óscar Naranjo.
Pero de acuerdo con el reporte de Stephenson, el ataque transfronterizo tenía sus opositores dentro del propio gobierno panameño.
La diplomática sostuvo que el vicepresidente Juan Carlos Varela la llamó para expresarle su preocupación por la operación, y que él creía que el plan debía estar coordinado entre los tres países: Panamá, Colombia y Estados Unidos.
También Jimmy Papadimitriu expresó “dudas acerca de las motivaciones de Colombia, ya que algunos aspectos de la propuesta no cuadraban”.
El Comando Sur advirtió que un asalto militar contra las FARC en Panamá sería una violación al derecho internacional, “a sabida cuenta que este grupo no está involucrado en una insurgencia contra el gobierno panameño”.
“Este ataque causaría que el Comando Sur retire su apoyo, dejando a Panamá sin vitales recursos de formación para su policía de fronteras”, reiteró nuevamente Stephenson.
A Estados Unidos además le preocupaba que la polémica por el tema sirviera para alimentar la campaña propagandística de Hugo Chávez y la izquierda anti estadounidense en Panamá.
Tras las presiones, Colombia retrocedió en su plan pedido a Panamá.
Naranjo dijo que si Estados Unidos no estaba conforme cancelaría el plan que coordinaba con Panamá, e intentó aclarar que el ejército colombiano no planeaba bombardear a las FARC dentro del territorio panameño.
Finalmente la misión fue suspendida, y en enero de 2010 los tres países acordaron trabajar en una estrategia coordinada.