Los residentes de la barriada Prados del Este y de Felipillo apenas acababan de limpiar y rescatar lo que les quedó tras la inundación del viernes, cuando tuvieron que salir corriendo por temor a perder sus vidas. La alarma fue general.
Ayer vieron con preocupación cómo por aproximadamente una hora llovía sobre la cabecera del río Cabra; las reacciones no se hicieron esperar. Cuadrillas de vecinos, estudiantes universitarios, voluntarios, personal del SINAPROC y de la Policía Nacional, ayudaron a evacuar las casas.
Leny González y su hija mayor, llevaban un bolso en cada mano con comida, ropa y pañales para los niños menores de la familia que están "seguros" en casa de unos primos. "Esto no es vida, mejor que nos saquen de aquí; si está lloviznando no puedes dormir", indicó.
Aún con temor, los residentes de Prados del Este no se iban muy lejos. Unos niños ladrones (de 8 a 10 años) y adultos facinerosos de otros lugares, aprovechan cualquier descuido para tomar lo que no es suyo. Como las puertas están dañadas, la entrada a sus casas es expedita.
Hace siete meses una joven señora, quien pidió reserva de su nombre, se mudó a su nueva casa llena de ilusiones; nunca pensó que lo perdería todo.
Hoy culpa a la empresa constructora de Prados del Este, por no haberle advertido a los compradores que vivirían cerca del cauce de un río, ni que estaban bajo el nivel del mar.
"Tenemos que pagar las cuentas y hemos perdido todo, ¿quién va a responder por eso?
La inmobiliaria ni siquiera ha dado la cara. Las autoridades traen colchones cuando saben que no podemos vivir aquí", señaló.
Por otra parte, Manuel De León reaccionó airado por las declaraciones de un representante de la inmobiliaria, quien desestimó lo sucedido porque no se perdieron vidas humanas.
"Freddy Lanza y Rolando Grant: yo quisiera saber dónde viven, no saben por lo que hemos pasado".
De las autoridades dijo que los estaban engañando como a chiquillos, porque sólo hablan de estudios cuando lo que ellos necesitan son respuestas rápidas.
Leovigilda Flaco, una anciana de 72 años, no pudo dormir anoche, pero no fue por la lluvia, sino por la picazón.
Ella reside en Nueva Esperanza El Bajo, al final, y como sus vecinos perdió casi todas sus pertenencias. Cuando fue por ayuda a la escuela de Felipillo le dieron tres colchones usados. Como su vista es mala, no se dio cuenta, pero al llegar a su casa sus nietos le pusieron al tanto de la burla que había sufrido.
Leovigilda responsabiliza a la "maestra Fula", una señora llamada Enalys, quien como voluntaria en la coordinación de las donaciones en Felipillo, ha hecho "fiesta" con lo que han entregado tantas manos generosas.
Después de esperar por horas, a Cecilia Sánchez también le entregaron un colchón de segunda, y encima, mojado.
Milka Beitía también se quejó del trabajo de la señora Enalys. Ella le negó a su esposo la ayuda, a pesar de que afuera de su casa reposaban tres colchones empapados de agua sucia. Les dijo que no eran para ellos sino para los del otro lado.
Cuando por fin la señora Elizabeth, una líder comunitaria del sector, consiguió que un camión con comida fuera a socorrer a los necesitados de Nueva Esperanza, "la maestra Fula" fue a reclamarles porque eso debió enviarse al centro de acopio el cual coordinaba ella.