Nación

Conocimiento y desarrollo


Cada vez es más aceptada la importancia que adquiere el conocimiento en las sociedades modernas. El avance de la ciencia y la tegnología tiende a asociarse al crecimiento económico, al progreso en la salud, al mejoramiento de la calidad de vida y a elevados estándares de educación y cultura de la población. Por lo tanto es de suponer que aquellos países que destinan mayores esfuerzos y recursos a impulsar la generación, difusión, transferencia y aplicación de conocimiento, tendrán condiciones más favorables para producir y competir en un mundo globalizado, que los que sustentan su economía en base a las fuentes tradicionales de riqueza como son la tierra, el capital y el trabajo.
El reto para nuestro país será siempre cómo lograr poner en marcha un programa de ciencia, tegnología e innovación, lo suficientemente robusto, dinámico y diverso para que aporte conocimiento requerido en la tarea del desarrollo nacional. ¿Cómo debe ser este programa? ¿Qué modelo de producción del conocimiento debe utilizar? ¿Qué sectores del desarrollo debe privilegiar?
Para un país como Panamá,con escasos antecedentes y limitadas estructuras para el desarrollo de la investigación y, lo que es peor, sin una cultura científica arraigada en el seno de la sociedad, construir ese sistema plantea múltiples dificultades asociadas a la falta de recursos, de personal especializado, de infraestructura científica, así como de políticas coherentemente formuladas e implementadas, entre otras. Pero, quizás conviene llamar la atención también a la dificultad de pasar de un modelo tradicional o clásico, a un modelo nuevo de producir el conocimiento.
Los cambios que observamos en todas las esferas del quehacer humano, también han creado mutaciones en la investigación científica. Estas mutaciones del modelo de generar y aplicar los sabores trae consigo una serie de implicaciones en el trabajo científico, tanto en los contextos de aplicación, las instituciones de investigación, las disciplinas de estudio, como en los usos que se le dan. Si se reconoce que un modelo de producción del conocimiento está caracterizado por el conjunto de ideas, métodos, valores y normas que lo distinguen de otro, parecen existir elementos definitorios de un nuevo modo de realizar el trabajo científico, distinto del que caracterizó este afan desde el S.XVII. Fue en ese período cuando empezó a diferenciarse el saber no científico del científico, cuyo ideal era la matemática y la física newtoniana, que se ha hecho extensiva, con el pasar del tiempo a disciplinas tanto de las llamadas básicas como las sociales.
Una característica de este modelo emergente es el nuevo contexto de aplicación. A diferencia del modo tradicional que busca la uniformidad en las normas e ideas que orientan la búsqueda, legitimación y difusión del conocimiento, generalmente con el interés de ampliar el campo de la disciplina científica; el nuevo modelo, parte de la intención de aportar algo útil para un sector o para alguien. Es decir, el conocimiento se crea para que cumpla una función concreta en la industria, la ganadería, la salud, el gobierno, o la sociedad en su conjunto. En este sentido, nuevos campos científicos o nuevas vertientes dentro de las ciencias empiezan a surgir, como en el caso de las ciencias aplicadas y en la ingeniería. En este caso un buen ejemplo pueden ofrecer, como ya se reconoce, la ingeniería química, la ingeniería aeronáutica y la ingeniería informática, que no sólo son medios de aplicación científica sino también se convierten en campos específicos de producción de conocimiento.
La práctica cognocitiva y social en el nuevo modelo también se caracteriza por la transdisciplinariedad. Es decir, que el diseño de la solución final a un problema debe lograrse más allá de la contribución que puede hacer una disciplina particular. La transdisciplinariedad significa, en este marco, que los esfuerzos de investigación se dan en los contextos concretos de aplicación con sentido interactivo, por quienes investigan y también por los que realizan las aplicaciones. No son dos momentos, uno teórico y otro de aplicación, realizados por sujetos distintos, aunque sí requiere de conocimientos básicos. Igualmente, implica atender problemas en movimiento, por lo que tiende a ser dinámica y su difusión sigue vías y momentos distintos a las convencionales.
Un aspecto que quizás destaca la singularidad del modelo no convencional, es la diversidad organizativa y una gestión eficiente. La investigación en los nuevos contextos está marcada por formas heterogéneas y diversas de lugares potenciales en los que tiene lugar la producción del conocimiento. Ya no se realiza sólo en las facultades de las universidades, sino también en institutos y centros de investigación, en dependencias gubernamentales, laboratorios y centros experimentales de las empresas, organismos internacionales, empresas multinacionales, equipos de asesoría, entre otros. En los países más avanzados se observa una interconexión entre estos organismos, utilizando diversas formas alternativas, como son las redes de comunicación, correo electrónico, reuniones, foros y otras formas de vinculación. Cada vez más la producción del conocimiento deja de ser una actividad disciplinaria tradicional, para pasar a conformar nuevos contextos sociales. Un ejemplo lo encontramos en los parques tecnológicos, modelo de asociación entre empresas innovadoras y centros de investigación, tanto éxito tienen en Europa y Asia, y que en Panamá se promueve como uno de los pilares de la Ciudad del Saber.
En este sentido, es común que los investigadores trabajen más en equipos y en redes de trabajo, para resolver un problema o atender un proyecto concreto, y que intercambian lugares, entornos y participantes, reorganizándose según las necesidades y los nuevos objetivos que los oriente. Estas relaciones son temporales y se reacondicionan continuamente. Así mismo, el financiamiento tiende a cambiar. De una fuente gubernamental única para organismos públicos y universitarios, se tiende al surgimiento de fuentes alternativas en las que asumen creciente responsabilidad los organismos empresariales y agencias internacionales de desarrollo.
Se percibe en ese mismo sentido, una mayor responsabilidad social y una nueva ética científica, que se orienta a la atención de campos esenciales en el desarrollo humano como la salud, el medio ambiente, las comunicaciones, la violencia, la paz, la reproducción humana. Los estudios de la detección de minas y explosivos terrestres, del calentamiento global y de los posibles efectos de clonación en humanos, son algunos ejemplos de reciente data. Todos estos esfuerzos alertan a la incursión en nuevas estructuras de trabajo y a la conformación de alianzas entre diversos actores, tales como: sociólogos, ingenieros, economistas, psicólogos, científicos naturales, gerentes de empresas, trabajadores y políticos tanto en la configuración de los trabajos de investigación como en la interpretación, difusión y uso de sus resultados. Estas formas de trabajo, además de lograr intersensibilizar a los actores, permiten acercar los esfuerzos de la producción científica y tecnológica a personas y comunidades vulnerables y usualmente marginadas del conocimiento científico.
La decisión de crear e impulsar vigorosamente la gestión de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), permite a nuestro país contar con una estructura organizativa fundamental, normas y políticas científicas creativas, para enfrentar de modo inteligente este desafío de las nuevas formas de producir y utilizar el conocimiento en beneficio del desarrollo nacional. La elaboración y puesta en ejecución de programas en múltiples áreas del desarrollo bajo criterios no convencionales, fortaleciendo los vínculos entre el sector productivo y el académico, ha generado una confluencia de especialistas de la más diversa preparación y experiencia, que se organizan en comisiones sectoriales configuradas flexiblemente en el marco del Plan Estratégico para el Desarrollo de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.
La entrada a la era del conocimiento implica para el país no sólo institucionalizar la producción del saber, sino crear una cultura en la comunidad académica, escuelas, instituciones, empresas, medio de comunicación, las familias y el gobierno mismo, que propicie la legitimidad y asegure el interés por generar, difundir y aprovechar los resultados del esfuerzo científico. Este proceso de sensibilización y concientización científica es también una obra educativa. Ello es una parte de la misión que el Ministerio de Educación se ha propuesto mediante una transformación profunda y sistemática del modelo pedagógico vigente, para adecuarlo a las nuevas y cambiantes demandas del mundo moderno. Formar las nuevas generaciones, desde el preescolar, con un pensamiento crítico, científico, creativo e innovador, es una tarea nacional inaplazable. No hay duda que impulsar la ciencia y la tecnología, y cambiar la educación para propiciar el desarrollo, es el desafío fundamental que tenemos como pueblo.
Referencias
CYTED. El Gobierno de la Ciencia y la Tecnología, Santiago, Chile 1996.
Gibbons Michael et al. La Nueva Producción del Conocimiento. Barcelona, España. Ediciones Pomares. 1997.
Ministerio de Educación. Estrategia Decenal de Modernización de la Educación. Panamá 1997.
SENACYT. Plan Estratégico de Desarrollo de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Panamá. 1997.
JBB-EDUCSOC.98.


fecha edicion
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75636
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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