Nueva York- La desconfianza que Ronald Reagan sentía hacia el presidente Jimmy Carter y la devolución del Canal a Panamá en la década del setenta reflejaba profundas convicciones ideológicas y no obedecía a una estrategia partidista como pensaban algunos críticos, según indican sus cartas personales.
Los sentimientos del ex presidente hacia Carter y su oposición a los tratados canaleros fueron revelados en una extraordinaria correspondencia que Reagan, y más tarde su esposa Nancy, mantuvieron con una joven admiradora de Filadelfia durante más de medio siglo.
Los documentos fueron descubiertos recientemente por un destacado historiador, Douglas Brinkley, quien publicó una síntesis analítica de las cartas en un artículo para la prestigiosa revista literaria "New Yorker".
En una carta a la hija de Lorraine Wagner poco antes de las elecciones de 1976, Reagan manifestó su desdén por Carter al declarar: "Carter me preocupa mucho. Tengo una profunda sensación de que es un farsante".
Por eso no sorprende de que varias de las cartas escritas durante la presidencia de Carter se referían a las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter, señala el historiador, que dirige el Centro Eisenhower de la Universidad de Nueva Orleans, y expresan "su desacuerdo con el Tratado del Canal de Panamá así como con los Republicanos que lo apoyaron".
Reagan, siendo gobernador de California, desató una incansable lucha contra la ratificación de los tratados en el Senado, en lo que algunos de sus críticos consideraron una estrategia para ganar la atención pública como prolegómeno de su candidatura presidencial.
Pero la correspondencia sugiere un profundo y sincero desacuerdo con la tesis de los negociadores estadounidenses, tanto Demócratas como Republicanos, de que el Canal había dejadoo de tener importancia para el interés nacional de Estados Unidos y la seguridad estratégica continental.
En respuesta a una carta de Lorraine Wagner preguntando cómo él explicaba que el célebre columnista William Buckley, fundador y director de la revista "National Review", una especie de biblia de los intelectuales conservadores, apoyaba la devolución del Canal, Reagan afirmó: "Tú me preguntas de Bill Buckley, yo creo que Bill es sincero, pero siempre fue un buen amigo de Henry Kissinger y me parece que comenzó a apoyar la idea del Tratado del Canal cuando Kissinger lo estaba negociando".
Según Brinkley, la colección de 276 cartas de Reagan, muchas escritas a mano y algunas de cinco a seis páginas, a Lorraine Makler Wagner "proyecta una imagen ideológica y humana más espontánea e íntima" que la autobiografía "An American Life" (Una vida Americana), que el mandatario publicó ya en su retiro en 1990.
Muchas de las cartas son altamente personales y, aunque abundan los errores gramaticales, representan un extraordinario ejemplo de la opinión de Reagan y de su evolución.
La correspondencia tiene una especial relevancia para la actualidad política ofreciendo un importante trasfondo ideológico para explicar por qué esta tesis continúa teniendo vigencia entre un influyente número de políticos Republicanos que tratan de forzar al gobierno del presidente Bill Clinton para reanudar lo antes posible las negociaciones con Panamá para mantener una presencia militar residual que consideran vital para la lucha antidrogas del continente.
Esta es la tesis de influyentes legisladores como Benjamin Gilman y Jesse Helms, presidentes de los comités de Relaciones Exteriores de la Cámara y el Senado, respectivamente, así como de conservadores como los congresistas Dana Rohrabacher de California, un ex asesor de Reagan, y John Mica de Florida, quienes sostienen que sin una presencia de Estados Unidos la república ístmica se convertirá en blanco de una infiltración china.
Brinkley escribió el artículo para el "New Yorker" después de que se enteró que un coleccionista de autógrafos de Filadelfia, Steven Raab, había adquirido las cartas. El historiador, que entrevistó a la señora Lorraine Makler Wagner para el artículo, dijo que ella esperaba que la colección completa sería entregada a la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan en California.
La correspondencia comenzó en 1943 reflejando la adoración que sentía la chiquilla Lorraine Makler, de 13 años, por el astro de cine Ronald Reagan después de ver su película "Brother Rat" y a pesar de que éste no era precisamente una de las grandes estrellas de Hollywood como Erroll Flynn o Clark Gable. Pero lo que le faltaba en prestigio lo compensaba en generosos gestos personales, entre los que figuraban contestar las cartas de sus fanáticos, que entonces seguramente eran bien escasas.
Las cartas también reflejan cómo la evolución política de Reagan desde un Demócrata que apoyó a Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman hasta convertirse en un decidido conservador en el panorama político de California, en gran medida por su temor de que los comunistas asumirían la preponderancia política en Estados Unidos a través de su influencia, real o imaginada, en Hollywood, así como de su temor por la agresividad de la Union Soviética y la China Comunista.
"Nuestra amistad data de cuando Lorraine inició un "fan club" en mi nombre cuando yo aún estaba en el mundo del cine", declaró Reagan a un periódico de Filadelfia en 1989. "Lorraine es una leal amiga y siempre espero sus cartas con gran anticipación".
Brinkley, que analizará las cartas en mayor detalle para una futura publicación, recoge algunos detalles personales de los Wagner, como la manera como su prestigio en la comunidad aumentó espectacularmente después de que Reagan los invitó a Washington para asistir a su primera inauguración.
"Muchas de las amigas de Lorraine que durante sus años escolares se reían de su fanatismo por Reagan repentinamente los invitaban a almuerzos y comidas pidiéndole autógrafos del Presidente", escribe. "Reagan evidentemente no se olvidaba de su amiga epistolar sólo porque acababa de asumir el liderazgo del Mundo Libre".
Efectivamente, un mes después de su inauguración, escribió otra carta a Lorraine en la que le confía que siente nostalgia por California, pero que "tengo que admitir que me alienta esta oportunidad de comenzar a trabajar en los problemas en los que hemos pensado y de los que hemos hablado durante tanto tiempo".
"Ella sabía mejor que muchos", señala Brinkley, "lo que Reagan decía: que su sueño era acabar con el Marxismo-Leninismo, que instintivamente sabía que era "un cajón vacío".
La única vez en sus años de correspondencia en que Mekler se sintió desilusionada con la política de Reagan fue en 1985 cuando el mandatario visitó al cementerio de Bitburg en Alemania donde se hallaban enterrados varios comandos de las tropas SS de los nazi que encabezaron la aniquilación de los judíos y que combatieron las fuerzas estadounidenses en la legendaria batalla con las fuerzas invasoras al comando del general George Patton.
Lorraine, haciéndose eco de la famosa frase del escritor judío Elie Wiesel que "Bitburg no es un lugar para el presidente de Estados Unidos", anotó que su presencia en el cementerio de los alemanes mancharía su reputación, pero Reagan nunca respondió a esta observación.
En respuesta a la angustia que la admiradora le expresó por el escándalo Irán-contras, cuando el Congreso descubrió que contrario a las aseveraciones de su gobierno, asesores como North y Poindexter estaban negociando envíos de armas a Irán y filtrando los dineros que recibían a los "contras" antisandinistas en Nicaragua, Reagan respondió con total despreocupación: "El interrogatorio sobre el caso de Poindexter no fue más que unas pocas horas de aburrimiento. Tuve que decir "no recuerdo" a tantas preguntas -como lo hice el 26 de noviembre de 1986- que estaba con ganas de preguntarle al abogado "¿dónde estaba usted un viernes hace tres años? Pero no lo hice."
Reagan denunció a sus críticos como organizadores un "linchamiento político" y dejó constancia de que "mi conciencia está completamente clara" y que "no estoy perdiendo sueño por esto".
Lorraine Makler Wagner, una ex funcionaria del Servicio de Impuestos que acaba de cumplir 70 años y aún vive en Filadelfia con su marido, recibió la última carta de la Nancy Reagan en 1995, como un mensaje de despedida ya que anunciaba, como a miles de sus amistades, de que el ex presidente sufría de la enfermedad Alzheimer, que atenta contra la memoria de personas de edad avanzada, poniendo fin así a una relación epistolar de 52 años.