Mateo gime de manera lastimera, mientras se alza en dos patas que apoya sobre el alambre de ciclón de su jaula. Es un perro simpático, pero triste.
Y no es para menos. Venir de tan lejos para estar solo, encerrado en una jaula de dos metros de ancho por cuatro de largo, no debe ser muy divertido.
Sus dueños parecen haberse olvidado de él y, mientras sigue esperando, las autoridades aún no saben cuál será su destino.
Mateo está bajo los cuidados del Ministerio de Salud, si bien ya pasó su período de 40 días en el área de Cuarentena Animal, en las instalaciones cercanas al Aeropuerto de Tocumen, las cuales pertenecen al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA).
El perro, de 16 meses, color café, de patas anchas y cuerpo delgado, pero esbelto, no tiene raza definida. Fue encargado por una familia de Panamá a una amiga en Medellín, Colombia.
Esta cumplió con el encargo. Llegó a Panamá con el perrito, con todas sus vacunas en regla y su certificado de salud. Pero no contaba con que debía cumplir con el requisito de cuarentena animal, que exigen las autoridades panameñas para toda especie que ingrese al país.
Así, el pobre Mateo quedó retenido en Tocumen, mientras sus propietarios se apersonaron al Ministerio de Salud para que se les orientara sobre lo que debían hacer para recuperar al perro. Pero hasta allí llegaron. Ha pasado la cuarentena y Mateo sigue encerrado, jugando o gimiendo en su jaula en espera de sus dueños.
¿Por qué tiene Mateo y el resto de la especie animal que cumplir con la cuarentena? Simple: Para evitar el contagio en animales o personas, de enfermedades originarias de otros países.
En el caso de perros (como Mateo) o gatos, lo que se busca es evitar el contagio de la rabia urbana.
Hoy día, Panamá es un país libre de esa enfermedad, es decir, de rabia canina o felina, pero no siempre lo fue. Tampoco lo es de la rabia paralítica bovina o silvestre, cuyos primeros casos datan de la época colonial cuando Vasco Núñez de Balboa informaba de la muerte de animales luego de ser mordidos por murciélagos.
DE CASOS Y LEYES
La primera vez que se reportó un caso de rabia urbana, trasmitida por los perros y los gatos, fue en 1909, cuando la contrajo un trabajador del Canal de Panamá.
Después de esa fecha se produjo un "silencio epidemiológico", toda vez que no existen documentos ni publicaciones relacionadas con el tema.
Después de casi 40 años, en 1957, el tema volvió a la palestra pública cuando comenzaron a reportarse casos de rabia silvestre en los bovinos y, 13 años después, se conoció de dos casos de rabia en humanos, trasmitida por perros.
Ambos se sumaron a dos más en el área fronteriza con Costa Rica, entre 1972 y 1973.
En esos años, Panamá puso en práctica un agresivo programa de vacunación canina, además de la eliminación de los perros encontrados en la calle, aparentemente sin dueños.
Y más aún: En 1970, se emite la Ley 1132, de 20 de agosto, mediante la cual se crea la cuarentena de animales menores (perros y gatos) procedentes del exterior.
Al principio, ese período era de 180 días y luego se redujo a 40. La cuarentena se extendió a otros animales silvestres.
Y no sólo el gobierno panameño la puso en práctica, sino también el Comando Sur acantonado en Panamá.
Cabe destacar que en 1993 se suscitaron dos casos de rabia en humanos en Puerto Obaldía, San Blas. Se trató de dos personas extranjeras que buscaban oro en los ríos y fueron mordidas por murciélagos.
Presentaron síntomas de dolor de cabeza, problemas para caminar y fueron remitidos al hospital Santo Tomás, donde fallecieron.
Asimismo, en 1995, un niño murió de rabia en Jaqué, Darién. Provenía de Juradó, en Colombia, donde había sido mordido por un mono.
Y he ahí el peligro de la rabia: cuando se presentan síntomas ya no hay cura para la enfermedad, cuyo período de incubación puede ser de hasta seis meses. La víctima muere en poco tiempo.
CUARENTENA DOMICILIARIA
Las instalaciones de la denominada cuarentena animal estaban ubicadas en Panamá Viejo y, posteriormente, en 1998 fueron entregadas al Patronato de Panamá Viejo.
Desde entonces, el Ministerio de Salud no cuenta con instalaciones propias para este menester y utiliza unas siete celdas pequeñas ubicadas en Tocumen y pertenecientes al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA).
Según informó a