La Iglesia Católica tiene otra opinión sobre este tema. Para Luis Jiménez, sacerdote de la orden mercedaria de la parroquia de Fátima, la aparición de los lujosos templos evangélicos es el resultado de un proceso normal producto del diezmo que están obligados a entregar los que asisten a los cultos, lo que al final de cuentas origina una acumulación de capital.
"Esto hace que de un día para otro se vea aparecer de la nada y de la carpa, un edificio suntuoso que a su vez atrae más personas que si perseveran en el rito y en la seguimiento, por lógica acumularán más y más bienes", dijo el sacerdote.
Considera que el diezmo constituye el capital que indudablemente ha hecho progresar y cambiar económicamente la vida de las sectas evangélicas.
Según el padre Jiménez, la economía de la iglesia debe dirigirse a la pobreza y a la ayuda social, y aunque es consciente de que el obviar la construcción de grandes edificios y templos para destinarlos exclusivamente al asunto social no va a cambiar las estructuras de la sociedad, cree que los lujos innecesarios en una iglesia o templo no son justificables bajo ningún caso.
"Estimo que es necesario tener edificios limpios y sencillos, pero prácticos que le permita al que asiste la comodidad para reunirse y alimentar su fe caminando como comunidad, pero que no sean lujosos porque eso es una exageración", agregó.
Reconoció la necesidad de construir nuevos templos, pero que al hacerlo se debe analizar su estructura para que brinde comodidad a los que asisten, las mejoras deben estar contenidas en la forma y cantidad de los bancos, una iluminación adecuada y una construcción que evite que el ruido de la calle penetre de tal forma que intervenga en la realización del culto.
Sostuvo que hay que hacer la diferencia entre lo práctico, útil y bello con lo ostentoso, porque la iglesia debe no sólo cuidar el lugar de culto, sino la evangelización de los pobres y la ayuda a éstos.
En relación al paralelismo que pudiera existir entre los grandes templos evangélicos y las majestuosas catedrales antiguas, el padre Luis destacó que en el caso de templos católicos como la Merced o la Catedral Metropolitana, éstas son productos de un proceso histórico que se da por el esfuerzo común entre la misma iglesia y el poder político de entonces, cuando los fieles en su mayoría eran practicantes de la fe.
Aduce que la prosperidad de la época permitió la construcción de magnos edificios, situación que ha cambiado con la realidad de hoy cuando la iglesia católica no está en capacidad de levantar edificio suntuosos.
Expresó que la apertura de una nuevo templo o iglesia católica en cualquier punto del país se hace con el apoyo de las demás diócesis, además de la solidaridad de católicos extranjeros, sobre todo de Europa, quiénes apoyan las actividades religiosas en el Tercer Mundo.