"Teorìa del vuelo es un desplazamiento ligero, pero denso, poètico, pero a la vez incòmodo. Un vuelo incapaz de negar sus raíces y sin embargo resistente a cualquier asentamiento. Un vuelo a la vez despierto y cercano. Un vuelo a la vez estremecido y remoto".
"El padre de Silvia no sólo era poeta, también fue militar y filósofo. Y volaba. Era piloto de avión. Escribió lùcido texto sobre las relaciones entre el vuelo y el retorno, entre las alas que se alejan y te alejan, y el suelo que te reclama de regreso. Ese texto se llama Teoría del vuelo".
"Las bailarinas de Teoría del vuelo (la propia Milvia Martínez junto a la también panameña Analida Galindo) producen una intensidad que parece abrirse paso a través de sus entrañas, sus músculos, sus espíritus plenos o heridos. Es fuego que vuela. Es hielo que vuela."
Lo anterior lo escribió Alberto Gualdo. Aparece en el programa de mano de este espectáculo de danza contemporánea, bajo el título Teoría del Vuelo "Seis vuelos: ligeros?"
Es el pensamiento de un conocedor de la materia. De alguien que la entiende "mejor" que muchos de los miembros de una audiencia que quedó maravillada en el Teatro Nacional con la destreza de manejo del movimiento corporal de las dos bailarinas (Milvia y Analida) quienes realmente parecían volar con alas invisibles, con gracia sin igual, con fuerza, con arte puro elevado a su máxima expresión en el escenario, y aterrizar, una y otra vez.
Demostraron en esta entrega de 60 minutos de danza del Siglo XXI que forman un equipo sin igual en el que cada una puede con los ojos cerrados caer en brazos de la otra ya sea en una danza frenética o en un estado casi inerte, cual muñeca de trapo, cual hoja que el viento mece libremente, son la seguridad de que no recibirá ningún rasguño.
La música, el vestuario, la coreografía, los silencios, la luz, todo encaja con precisión en esta muestra de excelencia en las artes escénicas de que hizo gala el trío conformado por el artista audiovisual Enrique Castro y las dos talentosas bailarinas panameñas, Analida Galindo y Milvia Martínez. Esta última, hija del reconocido escritor José de Jesús Martínez, conocido como "Chucho" Martínez.
En Teoría del Vuelo, el segundo montaje de Milvia, ella traslada al escenario cosechas del arte poético narrativo de su padre que en la infinita morada de la muerte-vida debe estar disfrutando orgulloso del espectáculo fresco con que regala a la audiencia, montaje que hace honor a estos tiempos donde se mezclan colores, sentimientos, "locura", creatividad, ansias, emociones contenidas, donde cuando se le da rienda suelta el cuerpo habla, grita mensajes que la audiencia decodifica a su manera, cada uno con los ruidos propios del canal de su "background", porque la trayectoria que es la escuela de la vida con sello personal, sumada a la herencia hará la percepción de esta propuesta artística sea recibida, internalizada y se guarde de ella el recuerdo en el disco duro o se haga clic en la tecla del olvido.
A la francesa Maurice Bejart, "Teoría del vuelo" le pareció "Arte muy grande y muy profundo, de mucho peso".
Añade que "el que haya venido poco público indica que Panamá no está listo para este tipo de espectáculos. Me pareció como coreografía de Francia".
Mildred Brown, de Filadelfia nos dijo que ella entendió que la obra hablaba de la interdependencia, de las raíces, del útero social que es el materno. "Eran como gemelas que por más que querían echar a volar, volvían a estar atadas. Y no es que les molestara. Disfrutaban la libertad, pero, parecía que también tenían una necesidad más fuerte de no cortar jamás esos lazos…".
"Wild and soft" (salvaje y delicada), así calificó su compañero Kevin la danza del duo de bailarinas panameñas.
"Es movimiento hecho arte"; dijo una señora que no quiso dar su nombre. "¿Para qué, yo no soy crítica especializada en estos asuntos, sólo alguien que lo disfrutó y se siente triste y con vergüenza de que no haya habido más manos para aplaudir un montaje de tan alto nivel".
La cineasta Annie Canavagio, por su parte, coincidió en que "Nos falta mucho. Aún el público panameño no está preparado para espectáculos de esta índole. Me hizo llorar. Todo estuvo acorde: la música, el vestuario, la coreografía…".
Agregó que: " Me gustaría que hubiera más cosas así en Panamá. La cultura, hay que decirlo, no es un bien del mercado. Esto es alimento para el alma. Yo siento que ellas tocaron dulcemente las emociones sin pasar por la mente del espectador".
Para que más personas puedan calibrar esta danza contemporánea que puede a unos parecerle aleteo de mariposas unas veces y otras un sacudir frenético de los miedos, un huir asustados de la soledad, un catapultarse hasta el éxtasis para morir después, un despertar como la esperanza que atisba para siempre alimentar al mañana porque la noche puede verse como final o comienzo dependiendo de en que emoción está sintonizado el corazón del hospedero.
Esta noche de este viernes septembrino, otoñal en algunas latitudes, está invitados a un recorrido por el mapa de los emociones, a un despegue y aterrizaje al ritmo de Teoría de Vuelo, en el Teatro Nacional, a partir de las ocho. Y, mañana pueden repetir la experiencia en el mismo lugar, a la misma hora, con Milvia Martínez y Analida Galindo, para que nadie les cuente, porque en el arte ser "convidado de piedra" no vale.