Aquella reiterada frase: "el amor mueve montañas " cobró vida una vez más. David Ocalagan es prueba de que ese sentimiento es capaz de todo.
En el apoyo familiar David ha encontrado fortaleza.
Con 47 años, tiene dos enfermedades terminales. Todo inició en 1992 cuando se realizó un examen con el que le diagnosticaron insuficiencia renal crónica.
Viajó hasta Cuba con la esperanza de encontrar la cura para su enfermedad, pero el diagnóstico fue igual. Era necesario realizar un trasplante de riñones.
Para esto esperó 11 meses hasta que en el Complejo Metropolitano de la Caja de Seguro Social (CSS) le indicaron que había un donante. Se había encontrado que los riñones de un niño que había muerto eran compatibles con los de él.
Con el transplante la recuperación de Ocalagan fue inmediata. Volvió a su trabajo de comerciante, además de pasear y estar junto a su esposa y sus dos hijos.
Pero, su felicidad duro poco, pues los medicamentos suministrados para evitar el rechazo de los riñones transplantados produjeron que las células cancerígenas se alteraran y formaran un tumor que cubrió los riñones.
Para Ocalagan, esa fue la prueba más difícil de su vida, pues se resistía a ser operado y perder nuevamente los riñones con los que habían recobrado la vida.
Después de extraerle nuevamente los riñones inició el tratamiento de quimioterapias por seis meses para eliminar el 15% de células cancerígenas.
"El amor por la vida nos ayudó a no perder la fe", comenta David, quien en ocasiones se pregunta: "¿qué mal he hecho para merecer este castigo?".
Hoy la insuficiencia renal crónica terminal lo mantiene en el programa de hemodiálisis desde hace tres años, donde asiste tres veces a la semana a las 6:00 a.m. a recibir el tratamiento por cuatro horas.
Por 11 meses estuvo en el programa de diálisis peritoneal manual hasta que le trasplantaron los riñones.
Con su enfermedad Ocalagán aprendió que lo importante en la vida es la calidad de tiempo que debemos darle a la familia, el amor y temor que debemos tener a Dios para mantener la fe y la esperanza.
"He comprendido que todos tenemos una tarea que cumplir en esta vida. Recuerdo la visita que me hizo Monseñor Emiliani cuando todo indicaba que no podría seguir luchando. Ese apretón de mano y sus oraciones fueron un torrente de espíritu que no logro describir", recordó.
Es un hombre luchador y no piensa darse por vencido. La fórmula que recomienda para ser felices es: "vivir cada día como el último, ayudar a todos en lo que podemos y dar siempre un beso a los seres que más amamos".
Un paciente de hemodiálisis representa para la Caja de Seguro Social una inversión de B/.25 mil a B/.35 mil anuales.
De acuerdo con la Ley 52 del 12 de diciembre de 1995, por presunción, todo individuo es donante.
David, un testimonio de vida
La vida para este hombre no ha sido fácil, pero a pesar de todo, no pierde la fe.