Panamá tiene uno de los problemas de erosión y deterioro de suelos más severos de América Latina, influenciado por un creciente proceso de degradación que sufren casi todas las cuencas y aguas, lo que ha causado la pérdida de un 27% de los suelos del país. El proceso se extiende a otras regiones.
Esta situación se evidencia por las críticas condiciones de vida de más de 150 mil familias campesinas cuyo sustento depende de la precaria producción de cultivos de subsistencia. Igualmente un 20% del territorio nacional es utilizado en actividades de ganadería extensiva y en técnicas destructivas de construcción de infraestructuras públicas y privadas.
Un diagnóstico sobre las áreas críticas afectadas por la sequía y la desertificación en Panamá, realizado por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), revela la existencia de nuevos sectores que se agregan a los existentes con graves problemas de desertificación.
Lo que conocemos como el "Arco Seco" ha ido cobrando terreno.
Víctor Raúl Corro, del departamento de recursos hídricos de la ANAM, explicó a El Panamá América que otras áreas críticas expuestas a la degradación de suelos son las tierras altas, específicamente la cuenca del Río Chiriquí Viejo, en la provincia de Chiriquí, sector donde se produce casi la totalidad de las hortalizas y vegetales que se consumen en el país. En esta zona se ha reportado la perdida anual de una capa de 3 centímetros de suelos fértiles.
En el Occidente de Veraguas, el Oriente chiricano hacia la Cordillera Central y en varios distritos de la Comarca Ngöbe Buglé, se observa también la degradación de suelos.
Las principales causas de esta degradación están asociadas con la erosión del suelo por la deforestación, quema, la aplicación de acciones inapropiadas en la preparación de suelos y la no aplicación de medidas para su conservación.
Este proceso tiene un desproporcionado impacto ambiental, definido como un creciente proceso de desertificación, caracterizado por prolongadas sequías que ocasionan perdidas millonarias a las comunidades.
En el otro extremo están las inundaciones, que durante los últimos años han dejado pérdidas económicas elevadas y varias víctimas fatales.
Otro efecto del problema es la progresiva pérdida de capacidad de regulación hídrica de las cuencas.
En las cuencas del Canal, del río Bayano, río La Villa, río Santamaría, río Chiriquí Viejo, Pacora, Caimito entre otros, se verifica la pérdida constante de capa de suelo, afectando su fertilidad y capacidad productiva.