Paramilitares colombianos propinaron golpizas a indígenas panameños en la población limítrofe de Armila, tras acusarlos de colaborar con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), denunció un diputado ayer. El diputado indígena panameño Enrique Garrido aseguró a la prensa que en uno de los incidentes, el jueves pasado, un paramilitar de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Uraba (oeste colombiano) se topó en la playa de Armila con el indígena Benigno González y un hijo de éste de cinco años, a los que golpeó a patadas tras acusarlos de colaboración con los guerrilleros. "No les vendan más comida a los guerrilleros, dijo el paramilitar antes de entrarle a patadas a González y a su hijo", explicó Garrido, quien aseguró haber obtenido la información de un dirigente indígena de Armila. Añadió que el jueves, en el mismo lugar, otro indígena de apellido Carballo también fue golpeado por otro paramilitar.
El diputado aseguró que los guerrilleros y los paramilitares colombianos están "acechando en Armila, por lo que todo el mundo allí teme que de un momento a otro ambos grupos conviertan el lugar en teatro de guerra".
Desde hace dos semanas, los pobladores de las comunidades indígenas de Armila, La Miel y Puerto Obaldía, en la selvática provincia de Darién (fronteriza con Colombia), han denunciado supuestas incursiones de hasta 500 guerrilleros y paramilitares. Las tres comunidades son habitadas por unos 1.500 indígenas de la etnia kuna yala, que viven de la pesca, caza y la agricultura de subsistencia.
Ante la incursión de los irregulares colombianos, muchos de los pobladores han emigrado a otros lugares de Panamá o a territorio colombiano, por temor a verse en medio de fuego cruzado entre los grupos armados, según las mismas denuncias.
De acuerdo con informes de inteligencia de la policía de Panamá, citados por medios locales, los guerrilleros colombianos ingresan a territorio panameño, aprovechando las selvas del Darién, para escapar del ejército colombiano, y los paramilitares los persiguen para atacarlos, y luego cobrar ra por cada insurgente o colaborador de la guerrilla muerto.