William Johny Tamayo Hernández es considerado por la Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA), como un hombre sumamente peligroso. Casi tanto como su ex jefe, el temible Juan Carlos Ramírez Abadía, alias "Chupeta".
A "Chupeta" y a su mano derecha, Tamayo Hernández, se le atribuyen cientos de crueles asesinatos en Colombia y Estados Unidos.
Definidos como "hombres fríos y de gatillo fácil", ambos pertenecían a la lista de los capos más buscados del mundo.
Un reporte de las autoridades antidrogas panameñas, al que tuvo acceso Panamá América, señala que Tamayo Hernández dirigía una "oficina de sicarios o hitmen", que empleaba a más de una docena de asesinos a sueldo que ajusticiaron a cientos de personas en nombre de "Chupeta".
A este hombre, que habitaba en Panamá, se le atribuyen, además, la dirección de una "oficina de corrupción", que pagó sobornos a policías y funcionarios de Colombia, a cambio de información sobre operativos en contra de los miembros de la organización.
El reporte sostiene que Tamayo Hernández supervisaba personalmente los asesinatos y les pagaba a los sicarios una vez terminados los trabajos.
También dirigió secuestros y recolecciones de deudas por drogas, bajo las órdenes directas de "Chupeta".
El ingreso de Tamayo Hernández a Panamá fue monitoreado por funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en este país, quienes lo comunicaron a las autoridades panameñas.
Tamayo Hernández estaba muy cerca de "Chupeta", a quien la DEA describe como un hombre "extremadamente violento y de poco hablar".
La organización de "Chupeta" dominaba los envíos de drogas por el Pacífico, vía México, para llegar a los mercados de Los Ángeles, San Antonio, Texas, y Nueva York.
"Chupeta" es considerado el último sobreviviente de la extinción del Cartel de Cali, al cual ingresó cuando tenía unos 20 años. Es graduado de Economía en una prestigiosa universidad de Colombia y se distinguía por sus gustos refinados.