Las desencaminadas campañas de la administración del presidente de Estados Unidos George W. Bush para destruir la Corte Penal Internacional, ahora amenazan con minar también el proceso de pacificación de las Naciones Unidas, empezando con Bosnia. Ésta es una conducta notablemente censurable para un país que jugó un papel decisivo en la detención del conflicto étnico homicida de Bosnia y que ayudó a abrir camino a la idea de realizar juicios por crímenes de guerra internacionales hace más de medio siglo en Nuremberg. El curso temerario que ha tomado Washington lo ha aislado de sus aliados más cercanos, incluyendo a Gran Bretaña. La administración debe aceptar un compromiso pragmático antes de que la orden para la pacificación de Bosnia expire mañana por la noche.
Aunque la administración Bush ha retirado el apoyo norteamericano a la Corte, el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra abrió ayer para despachar. Está autorizado para enjuiciar casos de genocidio, crímenes contra la humanidad y violación de las reglas de guerra internacionalmente aceptadas, pero sólo cuando las cortes nacionales fallen en hacerlo. A insistencia de los norteamericanos, estos crímenes están estrictamente definidos y existen fuertes salvaguardas contra juicios originados por fanatismo o con motivaciones políticas. Sin embargo, Washington ahora desea que el Consejo de Seguridad pase por encima del tratado para exonerar a los norteamericanos y a los ciudadanos de otros estados no-signatarios que sirven en Bosnia.
La administración invoca la posibilidad de que un norteamericano que ejerza como policía internacional o en funciones de pacificación en Bosnia, pueda ser malévolamente acusado y arrastrado a un juicio en La Haya. Esto ignora el hecho de que la Corte Internacional sólo pudiera involucrarse si Washington fallara en enjuiciar crímenes internacionales.
A sugerencia de Gran Bretaña, otros miembros del Consejo de Seguridad están deseosos de dilatar cualquier investigación derivada de acciones norteamericanas en Bosnia durante 12 meses. Eso permitiría a Washington evacuar a cualquier norteamericano acusado y determinar si el juicio es garantizado en las cortes norteamericanas.
Washington ha amenazado con vetar esfuerzos adicionales de pacificación de las Naciones Unidas en Bosnia, si otros países no aceptan violar sus propios compromisos y garantizan las exenciones globales norteamericanas. Varios países que participan de forma paralela en la OTAN, y más allá, en la operación de pacificación de Bosnia, amenazan con salirse si el mandato de las Naciones Unidas se deja prescribir.
Si Washington no consigue que se hagan las cosas a su manera en Bosnia, pretende desafiar otras misiones de pacificación sobre la misma base. Eso podría empezar a desenmarañar todas las acciones autorizadas de pacificación de las Naciones Unidas, destruyendo un mecanismo que ha apaciguado muchos conflictos y ha extendido la entrada en vigor de procesos de paz que, de otra manera, podrían recaer exclusivamente en las tropas norteamericanas. Ya es suficientemente malo que la administración Bush esté intentando minar la Corte Penal Internacional. Lo que debe hacer es evitar perjudicar también el proceso de pacificación internacional.
Duplicando el daño a las Naciones Unidas
Estados Unidos invoca la posibilidad de que un norteamericano que ejerza como policía internacional o en funciones de pacificación en Bosnia, pueda ser malévolamente acusado y arrastrado a un juicio en La Haya.