Alejandro Pérez, psiquiatra forense, señaló que la violencia de los jóvenes se debe a muchos factores negativos que están produciendo la pérdida de valores y que aprendan nuevos, pero negativos.
Para Pérez, lo preocupante es que las conductas violentas se están viendo en jóvenes de 14 y 15 años, que antes se observaban en adultos.
Pérez manifestó que esto se debe a una serie de factores, entre ellos problemas de educación, en dos niveles, académica y de valores familiares.
Dijo que la deserción escolar le resta al joven la oportunidad de tener un trabajo, de progresar económicamente, y la falta de educación en valores, incide en que aprenda valores negativos.
Dijo que las niñas tienen una muy alta frecuencia de salir más rápido de la casa y la mejor forma es embarazándose, mientras los varones o no están o se van de la casa y en la calle aprenden patrones de conducta, pues consideran que para ser admirados y respetados la única forma de lograrlo es a través de la violencia.
Pero Pérez también considera que la situación se debe a la pérdida de credibilidad en las instituciones del Estado, dígase alcaldes, policías, corregidores, fiscales.
En Panamá se tiene la mala costumbre que se trabaja como "islas", es decir los ministerios de Desarrollo Social, el de Salud y el de Educación, lo hacen cada uno por su lado, según Pérez.
Esto trae desgaste y no se logra nada, pues no hay una política nacional que diga que todos van hacia un mismo rumbo, afirma.
Para mejorar la situación de violencia hay que empezar desde abajo.
Sugiere que el Ministerio de Educación conforme Gabinetes Psicopedagógicos en todas las escuelas, para tratar a los estudiantes desde chicos, porque de nada sirve cuando ya han matado.
La falta de programas de prevención radica en que los políticos piensan en función de costo beneficio, invertir para recibir, asegura.
Gilberto Toro, del Ministerio de Desarrollo Social, señaló que el fenómeno de la violencia está globalizado en la región centroamericana, y lo que se necesita es una politica de seguridad ciudadana.
Indicó que Panamá se está encaminado a eso, pero el problema es que las políticas se construyen sobre marcos teóricos para tener entonces lineamientos y directrices a seguir en la ejecución.
Dijo que en el caso de la violencia de las denominadas bandas y pandillas se está superando la etapa de diagnóstico.
Esta permite identificar cuántos y quiénes son, por qué están, qué quisieran y qué los lleva a actuar de manera violenta, para establecer un plan de acción riguroso, explica.
Asegura que la violencia en los hogares supera a la de la calle, pues la violencia doméstica se está convirtiendo en el delito N° 1 en la sociedad panameña.
Esto quiere decir que las calles se están poblando de sujetos deformados, para quienes la única forma de expresarse o manejarse es agrediendo, matando a otro o produciendo una autodestrucción, autoagresión o maltrato, manifestó Toro.
Quienes lo quieran ver de manera simplista, dirán que los jóvenes son violentos, pero quienes lo hacen con óptica compleja, descubrirán que este joven fue hecho de una manera violenta.
Nilsa de Caballero, subgerente de Empresas Municipales, señaló que la violencia está afectando, pues muchas veces en los entierros esos problemas se trasladan a los cementerios.
Lo más preocupante es que en los últimos años la mayor cantidad de entierros corresponde a jóvenes que han muerto en actos violentos como balaceras, bandas y rencillas, aseguró.
En los 11 cementerios municipales se ha logrado detectar que los entierros, producto de bandas, los familiares se olvidan y a los tres años se exhuma el cuerpo y se entierra en fosa común.
Señaló que a pesar de que se tiene un Centro de Llamadas, y se avisa con anticipación, las familias no responden por los muertos.