Amor es una palabra que se ha pronunciado mucho estas últimas semanas. En todo el mundo. En todos los idiomas.
Hoy, cuando millones de personas celebran el Día de Reyes, acuden a nuestra mente ideas acerca del amor. Hélas aquí:
Amor es el sentimiento que nos invitó a sentir Dios y para demostrarnos cuánto nos amaba envió a Su Hijo, de cuya vida nos habla La Biblia, quien murió en un madero. Asesinado. Víctima de la incredulidad, necedad, cobardía y maldad humana.
La Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Gandhi, Abraham Lincoln, el Libertador Simón Bolívar, Hellen Keller y la Princesa Diana, son apenas unos nombres de buenos samaritanos, que obraron como El Hacedor Supremo mandó: amaron al prójimo como a sí mismos. Son ejemplos de que el mensaje de Dios cayó en terreno fértil.
Por otro lado, es una lástima que hayan tantos "lobos vestidos de ovejas". Seres incapaces de someterse a los preceptos bíblicos. Y que sigan causando dolor, miseria, muerte física y espiritual en el mundo, lo que hace que todavía en nuestra era, en donde los logros del hombre lo hacen endiosarse, haya tantas ocasiones en que pudiera llegarse a pensar que Jesucristo se sacrificó en vano.
Amor sin desprendimiento no vale. Amor sin sacrificio tampoco. Amor sujeto a condiciones también carece de méritos.
Igualmente es una falacia decir que se ama y ser incapaz de perdonar, "de poner la otra mejilla".
A veces el amor viste el ropaje de la misericordia. Otras, de la solidaridad. Pero, cuando está presente no puede pasar desapercibido. Llena, enriquece, produce una metamorfosis positiva, radical, en el individuo.
Es también amor el de los padres hacia los hijos y viceversa. Lo es el que existe entre hermanos. Entre la pareja. En la amistad hay también manifestaciones de amor.
El amor ha sido tema de inspiración para poetas de todos los tiempos y justificación para obras que conllevan misericordia y bondad humana. Sin embargo, insistimos, también es una palabra de cuatro letras que carece de significado para los pobres de espíritu que se ciegan por el hambre de poder, gloria y riquezas: hombres y mujeres de todos los credos, ideologías políticas, culturas, razas...separados de Dios por un abismo de dimensiones incalculables.