Tras comprobarse con una prueba de ADN que una de las osamentas encontradas en el antiguo cuartel de Los Pumas en Tocumen, correspondían al activista político Heliodoro Portugal, quien fue raptado hace 30 años, los malos recuerdos y los buenos momentos que sus familiares pasaron con "Lolo", como se le conocía, han comenzado a aflorar y a revivirse.
Patria Portugal, hija mayor de Heliodoro, asegura haber pasado los peores años de su vida, al conocer de la desaparición de su padre en 1970, luego de ser raptado por cuatro civiles armados en el Café Coca-Cola en Santa Ana.
Ella sólo tenía seis años de edad comenta, y el sufrimiento y la desesperación por conocer dónde estaba su padre empezaban a envolverla día tras día.
Narra que su hermano Franklin nació cuando ella tenía cinco años, y su papá estaba preso, su madre tuvo que llevar a su hermano recién nacido a la cárcel para que papá lo viera. "Desde allí me empecé a dar cuenta que las cosas no andaban bien, pero sabía que mi papá estaba en la cárcel no por ser delincuente, sino por sus ideas", dijo.
Recuerda que posteriormente su padre fue liberado y ellos, luego de mudarse a La Pintada, en Coclé, reciben la visita de Heliodoro. Ella al verlo tiró unas pastillas que tenía en sus manos. "Yo corrí y corrí a la casa y cuando llegué él estaba de espaldas y me cargó en sus hombros, como acostumbraba. Me sentí feliz cuando lo vi".
Heliodoro, quien viajaba sólo los fines de semana al interior a visitar a su familia, ya que estaba trabajando en la capital, un día no llegó, precisa. "Ese día mi madre halló rara su ausencia. Vinimos a Panamá, en El Chorrillo y se nos informó que estaba preso y al buscarlo por todas las cárceles no los negaban. Lo último que supimos de mi papá fue que un miembro de la guardia le informó a mi abuela que Portugal mandó a decir que está en Tocumen y que no se preocupara, que iba salir...nunca más supimos nada de él".
SU INFANCIA
Cuenta Patria que como niña, nunca tuvo la seguridad que brinda la figura paterna. Siempre mantuvo la esperanza en su corazón de que algún día regresara. "Cuando jugaba con mis amigas, siempre me apartaba, me iba a una esquina a llorar. Me preguntaban por qué lloras y yo contestaba...Ah estoy llorando por mi papa".
Recuerda que cuando estaba muy pequeñita, luego de la desaparición de su padre, lo recordaba cuando decía... "Patria si yo me muero tú que haces... y yo le decía... lloro. Es difícil perder a un ser querido, pero tu te resignas cuando sabes qué le pasó, dónde está y que le puedes llevar flores, pero no fue así".
Confiesa que desde pequeña, le contaba su historia al que pudo, vecinos, amigos, sus maestros y profesores. "Yo siempre he tenido ese dolor dentro de mí. Tenía pesadillas a cada momento de que mi padre regresaba a la casa, lloraba y lloraba, y muy angustiada esperaba el reencuentro en vida, que nunca llegó".
Asegura que nunca vivió una vida normal de niña, "siempre quise tener una bicicleta, pero por las dificultades económicas que atravesamos nunca la tuve. De joven, el pasear con mis amigos y con toda su familia a diversos lugares, fue imposible ya que me casé a los 16 años de edad. "Desde esa edad tuve mucho más responsabilidades, al tener que atender a mis hijos (Román de 19 y Patria de 18 años)".
"Si a alguien le pasa eso no puede ser un niño normal al no haber sido criado normalmente, obviamente yo no soy una mujer normal tampoco, soy una mujer muy fuerte". La desaparición de mi padre influyó en mí, recalcó.
Asegura que psicológica y emocionalmente la desaparición de su padre le afectó tanto que, según cuenta, encuentra en ella una especie de coraza. "Soy dura, el sufrimiento me hizo fuerte, tenía que defenderme de alguna manera. Lo bueno del sufrimiento es que lo hace a uno fuerte, te hace conocer lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Nadie tiene derecho a asesinar a una persona y enterrarla, peor que un perro".
Asegura que emocionalmente siempre tuvo ese dolor dentro de sí, que "nunca va desaparecer aunque Dios me ha dado la dicha de poder encontrar los restos de mi padre y de darle su cristiana sepultura como se merece cualquier ser humano, aun a los asesinos de mi padre".
Patria conserva como un tesoro un traje de lana que le trajo su padre de la ex Checoeslovaquia cuando tenía dos años y varias fotos suyas, frente a las que siempre oró para su regreso.
"Siempre extrañé de mi papá la seguridad que da un hombre en el hogar, el respeto que da esa figura. Extrañé no llamar papá a nadie, aun cuando mi mamá se casó, nunca llamé papá a nadie. El lugar que tiene mi papá en mi corazón no lo va a llenar nada ni nadie. El amor que le tengo a él, lo ha hecho tener vivo en mí", expresó.
Manifiesta Patria que en el sepelio de su padre, la semana pasada, sintió un dolor intenso y profundo, "sobre todo porque que me duele saber cómo murió, el saber qué le hicieron y que estuvo allí sepultado por 30 años sin saberlo. Recordaba lo que me decía cuando chica... Patria, si yo me muero tú que haces...,él sabía que lo iban a matar... el lo presentía... Eso me llena de coraje".
Luego de pasar 30 años de mucho sufrimiento, asegura Patria, "luego del sepelio, no he vuelto a llorar, y no he vuelto a llorar porque siento desde ahora en adelante que necesito justicia para él y tengo que ser fuerte. Esa infamia que cometieron con Heliodoro, se tiene que pagar, quiero que se sepan quiénes fueron los que lo mataron. Sólo les pido a ellos que hablen y que se arrepientan, pero si me preguntas, si Patria Portugal los perdona...yo, no los perdono, que los perdone Dios, pero yo no les voy a perdonar los 30 años de sufrimiento que me causaron a mi y a mi familia", puntualizó.