Nación

El Chorrillo: ¿destino turístico popular?


Toda sociedad cosecha lo que ha sembrado. Por tanto, la estética de sus barrios, calles, barriadas y urbes, así como la cultura, las costumbres y la educación de los pobladores son distintas, pues no todos siembran una misma semilla.
Y no la siembran porque todos no tienen el mismo poder adquisitivo ni viven en el mismo ambiente que moldea de una forma u otra a cada residente de manera que, por un lado, lo ayuda a prepararse para un futuro cada vez más promisorio o, por el contrario, lo sumerge en un abismo de vicios, promiscuidad y autodestrucción.
Y hablando de cosechar lo que se ha sembrado, allá en la ya famosa "Calle 8" en el barrio de El Chorrillo en la ciudad capital, muchos de sus pobladores no han sembrado en terreno fértil donde pueden crecer aromáticas flores, sino en terrenos áridos que no rinden buenos frutos.
En este sentido, el sacerdote de la parroquia de Fátima de ese corregimiento, Francisco Sanz, se refiere a la problemática de violencia, promiscuidad, anarquía, inmoralidad y vicios que azotan a Calle 8, como "la consecuencia lógica de lo sembrado hasta ahora".
Para el sacerdote, la venta de drogas y bebidas alcohólicas sin ningún control, tal como sucede en Calle 8, incita a la violencia y al sexo indiscriminado.
Lastimosamente, dice, "el panameño cuando lleva tres cervezas, busca sexo en plena calle" y eso, literalmente, es lo que estaba ocurriendo en ese sector.
De ahí que los representantes de las iglesias del área, algunos residentes y las autoridades municipales elevaran su voz de protesta a fin de detener la anarquía que imperaba en perjuicio de niños y jóvenes, sin pasar por alto a los adultos que rechazan este tipo de aberraciones.
Esa calle fue cerrada en octubre de 1999 por la Alcaldía o lo que es igual, se prohibió la venta indiscriminada de cerveza y demás bebidas alcohólicas. La comunidad se molestó, pues muchos vieron desaparecer su medio de subsistencia.
Posteriormente, la presión de los políticos, según el sacerdote, hizo que mediante Acuerdo Municipal se instalaran toldas y se creara un lugar cercado, vigilado por la Policía y con una hora específica para operar: sólo hasta las 8 de la noche. Además, el volumen de los aparatos de música debía ser moderado, los jóvenes no podrían entrar y debía haber baños públicos.
Según el padre Sanz, el horario se cumplía a costa de los policías que recibían hasta botellazos cuando trataban de cerrar el área a la hora indicada.
En consecuencia, la Alcaldía cerró definitivamente el lugar y las autoridades advirtieron que no debía reactivarse.
Lo cierto es que El Chorrillo pudo y aún puede convertirse en un destino turístico popular, donde las comidas criollas, la alegría natural de su gente y la venta controlada de refrescos y cervezas se conjuguen para hacer de la Calle 8, en especial, un punto de encuentro con las costumbres y tradiciones de todo un pueblo.
De hecho, existe un proyecto para que esto sea una realidad, sin embargo, la ola de violencia no ha permitido su ejecución.
En Calle 8, que en realidad es Calle 27 y ha derivado su nuevo nombre de la famosa Calle 8 de Miami, también vive gente luchadora, trabajadora y que no quiere convertirse en cómplice de acciones delictivas ni desea ver los niños creciendo en un ambiente inadecuado.
Una de ellas es Cecilia Smith, manipuladora de alimentos desde hace tres décadas y quien tiene en su propia casa un puesto pintoresco de venta de comida donde los mariscos son la especialidad y los preferidos de su clientela.
Cecilia narra cómo se inició la Calle 8. Comenzó en 1992 con unas 38 personas que vendían comida criolla, principalmente mariscos, saos, patacones, entre otras comidas y cerveza en cantidades aceptables.
"No fue así como ahora que se ha dado esta proliferación de venta", indica Cecilia. "Yo quería que esto fuera algo turístico bonito, pero se dio que había otros intereses", agrega.
Según sus palabras, parte de la directiva que inició Calle 8 comenzó a comprar en grandes cantidades a las cervecerías, cada una de las cuales, tenía un representante en la calle y comenzaron a luchar por sus intereses y a lucrar, más que a tener un medio alterno de subsistencia. Lo que importaba era quién vendía más y todo se salió de control.
Esa no era la idea, argumenta. Ella sabía que en Guatemala había una calle con kioscos de venta de comida, pero como parte de un negocio turístico y sano.
Esto lo pensó con miras al futuro porque tenía conocimiento de que habría muy cerca una salida hacia el "Coast Way" y, por su cercanía, la Calle 8 (27) podría beneficiarse económicamente.
La tradición de este tipo de venta "era de nosotros", dice Cecilia y por eso hubiese sido beneficioso el tener ese espacio turístico popular.
Ahora bien, ella reconoce que la Alcaldía hizo bien, por un lado, al cerrar la calle. Pero por el otro, se ha perjudicado a personas que sí se ganan la vida honradamente.
Argumentó que antes del cierre, había robos, pero no balas (en alusión a la violencia de las últimas semanas).
Además, ahora los moradores de la parte de "arriba", donde inicia la calle y donde estaban ubicadas las toldas, no cuentan con un medio alterno de subsistencia. Están ociosos y el ocio no es buen consejero.
Justamente en ese sector, surgió el grupo "calle 13". "Esos muchachos que hoy día tiran balas, estaban comiendo porque vendían cervezas y sus mujeres hacían comida para vender", aduce Cecilia.
Al cerrárseles esa área, sienten que fueron discriminados porque el resto de la calle sigue teniendo sus negocios de venta de comida y cerveza.
Sólo basta pasar por la calle (hacia abajo) para encontrarse cada tantos metros, un puesto de comida, pero también, personas (mujeres, hombres y menores de edad) con el cartón publicitario de las cajas de cerveza con el cual promueven la venta, aunque no la tengan a la vista.
El reverendo Sanz señala que puede incluso comprenderse que si hay venta de comida criolla, que generalmente contiene picante, haya que bajarla con una cerveza. Eso no hace daño.
Lo que sí hace daño, es la venta indiscriminada en la calle y los niños y jóvenes como vendedores.
Después del cierre definitivo, los de "arriba" no se llevan con los de "abajo" y viceversa. El límite parece estar ubicado en un puesto de venta de pescado y patacones que está en la esquina, después de la gasolinera, donde hay una salida hacia la Avenida de Los Mártires.
"Tiran bala por tirar y no se matan porque no se matan", informó Cecilia, pero según ella, el sacerdote y otros moradores con los cuales conversó este medio, los que resultan el blanco de esas balas son las personas que transitan por el lugar y que nada tienen que ver con el problema.
Hay que buscar remedio a esta situación, porque como dice Cecilia "alguien tiene que dar la cara porque no podemos dejar el corregimiento a la deriva", al tiempo que recuerda que "cuando yo estaba chiquita, yo leía a Luther King que luchaba por los negros y ahora nadie quiere luchar por estos negros", y señala la gente de la calle. El código del silencio también impera por temor a las represalias.
Ella misma ha salido perjudicada porque por la ola de violencia, sus clientes, que ella califica como selectos y profesionales de distintas ramas, temen transitar por la Calle 8 y ahora debe trabajar hasta más tarde para vender su comida.
Hizo un llamado a las autoridades del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, de la Alcaldía y de la Gobernación para que salgan de sus oficinas refrigeradas y atiendan el gran problema social de El Chorrillo, especialmente de la Calle 8.
La mayoría de los involucrados en actos delictivos son menores de edad quienes tienen padres y madres que deben responder por sus hijos, insiste Cecilia.
"Yo creo que a través de la Junta Comunal se puede hacer un censo para saber quiénes son los que tienen ese tipo de problemas y citar a esos padres para buscar los mecanismos para la solución de esos problemas", argumenta.
Tanto ella, como otros moradores, tienen fe en que aún puede convertirse a la Calle 8 en un destino turístico popular, si hay voluntad de parte de autoridades y residentes.
BUSCAR SOLUCIONES ES LA CLAVE
El mecanismo no es cerrar Calle 8, el mecanismo es tratar de buscarle solución a la juventud que está dañada, dicen sus moradores.
Y para colmo, no hay recreación. Los pocos deportes que hay los organizan los moradores con sus propios recursos.
En Calle 8 los niños están "al garete", están más en la calle que en sus casas y eso es responsabilidad de los padres, opina Cecilia Smith, y, por tanto, es difícil de erradicar esta costumbre porque todo depende de la clase de crianza que los padres quieran dar a sus hijos.
Hace falta poner atención al aspecto social del corregimiento, añade, el que desde hace 11 años, luego de la invasión a Panamá, "está por el suelo", con el consiguiente perjuicio para la niñez.
PIDEN POR EL BIEN INDIVIDUAL Y NO COLECTIVO
La mayoría de la gente no tiene conciencia de las necesidades sociales de su comunidad. En consecuencia, según moradores, cuando se llega a pedir algo al representante de corregimiento, lo que se solicita son enseres domésticos, colchones, bolsas de comida, en fin, lo que satisface de manera individual y no colectiva.
Nadie pide programas de esparcimiento o de capacitación para niños y jóvenes, sino camas para dormir, estufas para cocinar, abanicos para echarse fresco y ayuda para muertos por enterrar, señalan las fuentes.
Parece que eso es lo que interesa y las autoridades al ver que esas son las peticiones, responden de acuerdo con lo que se les pide.
Tal vez si se les solicitara apoyo para controlar el vandalismo, actuarían en consecuencia, recalcan. Existe temor de hablar.
SE HACIA DE TODO, DELANTE DE TODOS
Calle 8 se había convertido en una gran fiesta al aire libre, donde sus participantes hacían de todo, delante de todos; se hacía lo que se quisiera, cuando se quisiera y con quien se quisiera.
La venta de licor dio paso a la venta de droga, lo que trajo como consecuencia que hubiese mucho dinero de por medio. Esto atrajo a grupos o bandas de otras calles.
Se fundó una banda nueva: "los niños ricos", de Calle 25, que también fomentó la violencia. Esta banda le quitó terreno a la de la multi de Calle 26, lo que molestó a estos últimos y, a su vez, a la banda de la 27.
Los enfrentamientos no se hicieron esperar y se desató la violencia, especialmente en las últimas semanas, cuando ya habían cerrado la Calle 8.
El sacerdote informó a este medio que él se entera de los operativos que se realizan actualmente, mucho antes de que lleguen los policías. Y si él lo sabe, los delincuentes también.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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