Han pasado 508 años desde la llegada de los españoles a América, un acontecimiento que para los del viejo continente fue un descubrimiento, pero que para los nativos representó esclavitud, malos tratos y la destrucción de su raza.
Aunque muchos no lo crean esta actitud no ha cambiado mucho, no solamente por parte de los europeos, sino también para aquellos que no se consideran miembros de la raza indígena y quienes tienen comportamientos e ideas discriminatorias.
Una muestra de ello es la historia de Florinda González de López, quien en 1963 fue engañada y llevada a España a trabajar, según cuenta ella misma, "como una esclava".
A los 15 años de edad Florinda conocida como "Tutu", recién graduada de sexto grado, se le presentó la oportunidad de viajar a España, un viaje del cual pensaba le traería muy buenos recuerdos y sobre todo la oportunidad de estudiar y cumplir sus deseos de superación, pero... al contrario, fue un periplo que le costó mucho trabajo a cambio de nada.
Tutu y una amiga de nombre Delfina de 11 años de edad, al recibir la noticia de que un español deseaba llevarse a su país a dos muchachas para que fueran a "estudiar", optó por aceptar lo que consideraba la oportunidad de su vida.
Comenta Tutu que como su anhelo era viajar y estudiar a la vez, se fue. "Yo vivía con una tía y como no podía estudiar porque no estaban bien económicamente, le dije a mi prima, yo quiero ir, y nos fuimos".
Su padre no se enteró cuando viajó, ya que trabajaba en la ciudad capital y su madre había fallecido cuando tenía dos años.
Cuenta Tutu que cuando la llevaron para Madrid, España, fueron recibidas por un sacerdote y una cónsul, "de allí nos mandaron para Palma de Mallorca donde la familia que facilitó el viaje nos estaba esperando".
Relata Flor que ellos nos mintieron diciendo que no tenían hijos, por lo que nos aseguraron que íbamos a estar bien, nos fuimos con esa idea de estudiar. "Llegando allá con esa familia en el aeropuerto, veo a la mujer española embarazada junto a su esposo y nos preguntan: ¿a ustedes les gustan los niños?, y me pregunté por qué me preguntan por niños si dicen que no los tienen, pero la española tenía 13 hijos".
Posteriormente, nos llevaron a Oriente (al interior) donde tenían su finca, allí nos instalamos y nos quedamos tres semanas con un empleado que cuidaba el lugar, relató la entrevistada. "Eramos felices pensando que luego íbamos a comenzar el estudio, pero no fue así ".
Recuerda que en Oriente permanecieron como dos meses barriendo y limpiando el patio y haciendo otros oficios del hogar, ya que "sus amos" tenían una finca grandísima. "Pasaron los días, las semanas, el mes; y la más pequeña me dice: Flores, cuándo vamos a comenzar a estudiar y le respondí no sé, hay que esperar que el señor venga de la capital para preguntarle".
Después de un mes él llegó a su finca, y le pregunté ¿cuándo vamos a comenzar los estudios?, y nos dijo... si...si...ustedes van a comenzar a estudiar, pero tienen que esperar un momento.
Seguimos confiando y esperamos hasta los tres meses. Luego llegó la esposa y yo le pregunté: "¿cuándo comenzamos a estudiar?, y nos dice, no todavía no, pero veíamos que los hijos de ella iban para la escuela y nosotras no, por lo cual comenzamos a sospechar".
Después de tres meses nos llevaron para la capital donde tenían su mansión y allí comenzaron a decirnos que nos iban a comprar uniformes. "Me sentí feliz pensando que eran uniformes para la escuela, cuando resulta ser que nos traen vestidos de cuello alto, manga larga y unos delantales azul con blanco y le pregunto a la señora: ¿este es el uniforme de la escuela?. Y nos dice, miren jovencitas aquí no las traímos para estudiar, sino a trabajar por dos años como empleadas. Y le dije que había venido en son de estudiar no para ser empleada". Ella se molestó.
"Allí comenzamos los trajines del hogar. Todos los días me levantaba a las cinco de la mañana para dormir a la una de la mañana y no nos daban día libre, ni tampoco nos pagaban...Nunca nos pagó el señor. La más pequeña trabajaba de niñera y yo cocinaba y trapeaba el piso, el cual tenía que pulirlo con trapos por horas, y de rodilla".
Tutu pasó más de seis meses con esa esclavitud, todos los días lloraba, pensando en su familia y en regresar a Panamá, hasta que comenzó a tratar de enviar cartas, porque decidieron que allí no podían seguir.
Relata que un día llegó otra empleada de ese país, que sí tenía día libre y al ver eso le pidió permiso al señor para solicitarle un día libre, "pero me dijo no puedes porque no conoces a nadie aquí, y me escapé de allí para tomar un día, pero la empleada llamó a los dueños de la casa diciendo que estaba con ella y me fueron a buscar".
Al día siguiente me llevaron a la finca de vuelta con el temor de que podía escapar.
"Allí comencé a escribir cartas, pero cometí el error de dárselas al dueño de la casa para que las enviara a Panamá, pero él las abría y las rompía. Las tres primeras cartas que traté de enviar nunca llegaron a Panamá".
A escondidas de ellos escribió otra carta y la entregó a una cocinera que trabajaba allí y así llegó la carta a Panamá y sus familiares se enteraron de las penurias que estaban pasando en un país desconocido.
"Mi compañera Delfina estuvo menos meses que yo en España, ya que sus papás tenían más dinero y la mandaron a buscar de una vez, yo duré más tiempo esclavizada y nunca me llegaron a pagar. El día que me dieron algo fue un billete de cien pesetas que pensé eran cien dólares, pero sólo eran 50 centavos", comenta.
Tras diez meses, me dice el señor, ¿ Flores, quieres ir para tu pueblo?, y le contesté me quiero ir y al fin me llevó al aeropuerto y llegué aquí a Panamá sin un real...esa fue mi historia.
Actualmente Flor labora en una entidad del Estado y aunque no pudo cumplir sus sueños de seguir estudiando, confía en que sus hijos tengan las oportunidades para hacerlo y que sus paisanos reciban las mismas atenciones y tengan los mismos derechos como cualquier otro ciudadano o como cualquier miembro de otra raza.
"No somos poca cosa por el hecho de ser indígenas, al igual que el resto de las personas, los indígenas valemos mucho y tenemos los mismos derechos", puntualizó Tutu.