Nación

El lado oscuro del carnaval

El equipo de Panamá América se dispuso a observar lo que se vive en una noche de carnaval en Panamá.


ARMAS de fuego, drogas, intentos de asalto, personas ebrias durmiendo en las aceras, infantes acompañados por sus padres pululando hasta altas horas de la noche y rondas policiales que disminuían conforme avanzaban las horas. Así fue la madrugada del lunes de carnaval en la ciudad capital.
Llegamos a la Vía España a eso de las 10: 00 de la noche para realizar un recorrido acompañado de un fotógrafo.
Al llegar notamos a una gran cantidad de policías, "al menos hay mucha seguridad", exclamé. Fuimos revisados por los agentes, "bueno, al menos no debe haber persona con armas en la zona", me dije, ¡qué equivocado estaba!
En medio de las risas de los fiesteros y del humo que emanaba de los puestos de venta de alimentos, fui testigo de un intento de robo. Sucedió a unos 20 metros del lugar donde fuimos cateados, un hombre joven trató de arrancarle un collar a una dama; no lo logró, pero tampoco fue aprehendido. Primer incidente.
Cerca de la 2: 00 de la madrugada noté cómo la cantidad de rondas policiales fueron disminuyendo. Al principio eran pelotones de hasta 12 unidades que rondaban frecuentemente, sin embargo, pasadas las 2: 00 de la mañana nos percatamos que los grupos se redujeron considerablemente y las rondas eran de dos agentes, que se observaban esporádicamente.
No habían transcurrido 30 minutos de la observación anterior, cuando los gritos y las personas corriendo me hicieron voltear la cabeza; un hombre de baja estatura intentaba dispararle a otro que yacía en el piso, el arma por razones que desconozco no hizo la detonación, a pesar de los esfuerzos del agresor. En cuestión de segundos, ambos salieron corriendo por temor a ser detenidos.
Todo pasó en segundos, en los estacionamientos de Deportes Jimmy, los equipos de sonido seguían a todo volumen, la Policía llegó tarde, ya los protagonistas habían desaparecido en medio de la multitud. No se sabe qué motivó esta situación. ¿Cómo logró meter el arma si están revisando?, me pregunté.
En el afán de obtener más información acerca de qué más se hace en una noche de carnaval en Panamá, nos adentramos a unos de estos sitios donde los hombres encuentran diversión fácil, pero a elevado costo. El sitio estaba lleno.
El costo de la entrada era de 21 balboas, "es open bar y disfrutas del show", me informan, entré. Luces oscuras cómplices, envueltas en humo, limitaban la visión en el lugar.
Besos y falsas caricias de estas atractivas damiselas con los caballeros se observaban en las mesas. Qué hay que hacer para que una dama me acompañe, pregunté, "te puede salir por cerca de B/.100 con derecho a nada más que caricias; y no te pases de atrevido porque te sacan", me advierte el seguridad.
En medio de todo seguían saliendo las chicas al escenario, el que estaba caracterizado por luces de colores y arreglos brillantes. Vimos tres "show" cada uno de cerca de 10 minutos (sólo se desnudaban por completo en los últimos dos).
Llamaron la atención los nombres artísticos de las damas: "Estrella", "Lucero", "Andrómeda", por segundo me sentí en el espacio con tantos elementos cósmicos.
Todo transcurría con tranquilidad, pero teníamos que seguir con el recorrido.
Reconozco que con esfuerzo salí de aquel lugar, para dirigirme al toldo "El Arranque", donde se presentaban los cantantes de reggae.
Al llegar, un fuerte olor a marihuana me recibió como un golpe al rostro. Estaban fumando esta hierba relacionada frecuentemente con este género musical.
La Policía estaba presente, pero al parecer les resultaba más fácil hacerse de la vista gorda.
El ambiente era tenso, algunos con miradas de pocos amigos eran los que disfrutaban de esta música. Sin embargo, todo trascendió con normalidad y al menos esa noche no se registraron otros incidentes.
La noche avanzaba, muchos ya se retiraban, la calle fue abierta pasadas las 4: 00 de la madrugada, cuando en años anteriores lo hacían a la 1: 00 a.m.
En mi retirada decidí dar una vuelta por los conocidos "push button" de la vía Transístmica y de vía Tocumen. Todos estaban llenos y como si fuera poco, en dos de éstos habían parejas en sus vehículos esperando su turno. Bien lo dijo "Pedrito" Altamiranda décadas atrás: "estos ser los carnavales...".


En medio de todo el jolgorio, observé a una gran cantidad de niños que se dedicaban a recoger latas, en su mayoría indígenas. Unos más vivos que otros abrían las latas, les colocaban una piedra adentro y la aplastaban, un truco para que éstas pesen más y reciban mayor remuneración al cambiarlas.
No faltó el ebrio que se quedó dormido en la acera, solo y sin nadie que le auxiliara. Al desdichado se le acercaron varias personas para revisarle los bolsillos en varias oportunidades, sin que nadie hiciera nada. "De aquí a la mañana le quitan las zapatillas; esas "Converse" valen B/.32.00", me dijo un hombre que también observaba la escena.
El juega vivo seguía. Los baños públicos eran gratis, según lo dijo la presidenta de la Junta del Carnaval, sin embargo, unos vivos estaban cobrando 25 centésimos a quienes querían usarlos.
¿Por qué estás cobrando si estos baños son gratis?, le pregunté a una de estas personas, "porque le estoy dando un pedazo de papel higiénico a las damas", respondió. Pero es mucho dinero por un pedazo de papel le dije, "pero no obligo a nadie", argumentó.
Le pregunté si tenía permiso de alguien para cobrar y me informó que no. "Estoy sin trabajo y esta es una forma de buscar mi plata y si no vas a entrar no me molestes", expresó.

 

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223431
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América