La visibilidad en la desembocadura del río Matasnillo cada vez es menor, ya que edificios y vallas publicitarias cercanos a sus márgenes, ocultan su cauce.
Este afluente, al centro de la capital, está rodeado por una enorme cerca de metal con anuncios que cubren gran parte de su extensión, además de una gran valla publicitaria, la que obstruye bastante observar su entorno.
A esto se le agrega una decena de rascacielos, tuberías de aguas negras y la contaminación, como elementos que forman parte del sombrío panorama, situación que pareciera dejarlo en el anonimato.
Panamá América hizo un recorrido por el río Matasnillo y ciudadanos consultados mostraron su preocupación por los desagradables olores que tienen que soportar durante sus jornadas laborales.
A los entrevistados les llamó la atención que los moradores del lugar no se hayan manifestado por las irregularidades en que se encuentra inmerso este recurso, el que ha sido víctima de un proceso de desarrollo, al margen de las normas de urbanidad.
Conservacionistas.
Según el urbanista Álvaro Uribe, ”este afluente ha sido sacrificado en aras de un cuestionado desarrollo, debido a que cada día proliferan las edificaciones, sin ningún tipo de regulación, por parte de las autoridades competentes de gobierno”.
A juicio de Uribe, se está dilapidando el ambiente y sólo resta tomar esta experiencia como un proceso de aprendizaje, para que no se vuelva a repetir la historia de este recurso natural.
Además consideró tardío cualquier intento de salvar lo que queda del caudal toda vez que representa un obstáculo, para las grandes empresas dedicadas a la industria de la construcción.
Asimismo sugirió un nuevo plan de ordenamiento en el área metropolitana, a fin de frenar esta actividad que pone en peligro la sostenibilidad de los recursos naturales.
Al respecto, la abogada ambientalista Susana Serracín, destacó que la Constitución es clara al respecto, ya que en su Artículo 118 establece: “El Estado debe proteger la permanencia del entorno natural”.
No obstante, indicó la jurista, “El Municipio de Panamá concede permisos de construcción a empresas, muchas veces soslayando los debidos Estudios de Impacto Ambiental (EIA), al mismo tiempo violando lo establecido en la Carta Magna”.
Serracín enfatizó que se requiere de una nueva normativa de urbanidad que contemple sanciones ejemplares, para los que especulen con la conservación del entorno y sus recursos.
También advirtió que en los últimos años se cierne una amenaza sobre los recursos hídricos del país, aunado a la falta de conciencia ciudadana.
Las consecuencias de este descuido serán los deslizamientos de tierra y las inundaciones, debido a que los ríos han perdido los bosques que acordonan las orillas, ya que han sido talados.
La ambientalista calificó al Matasnillo como un caso más extremo, por encontrarse en el centro de la ciudad capital.
Su caudal es alimentado por los ríos Cárdenas, Pedro Miguel, Mocambo,Cocolí, Farfán, Camarón, Venao, Matuela, Castilla, Velásquez, Río Abajo, Curundú y Matías Hernández.
Actualmente existen otros afluentes en la capital que empiezan a mostrar indicios de correr la misma suerte del Matasnillo, como es el caso del río Matías Hernández, donde ya empieza a observarse un cambio en la coloración de sus aguas, las que antes eran del agrado de los bañistas.