El papa Benedicto XVI hizo hoy un nuevo llamamiento para la unidad de todos los cristianos y afirmó que la división de los seguidores de Cristo "dificulta el anuncio eficaz del Evangelio en el mundo".
Ante unas nueve mil personas que asistieron en el Aula Pablo VI del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, el Pontífice agregó que todos los cristianos deben dar testimonio "común" de Cristo.
El Obispo de Roma dedicó la catequesis de la audiencia de hoy a la Semana de Oraciones para la Unidad de los Cristianos, que se celebra en estos días y concluirá el 25 de enero con una ceremonia que él presidirá en la basílica de San Pablo Extramuros, de Roma.
"La unidad de todos los discípulos es un don que viene de Dios. El tema propuesto este año nos recuerda la exigencia de dar un testimonio común de Cristo, ya que la división de los cristianos dificulta el anuncio eficaz del Evangelio en el mundo", dijo el Papa.
El Pontífice resaltó que el movimiento ecuménico moderno se ha desarrollo de manera notable, hasta convertirse en el último siglo en un elemento importante de la vida de la Iglesia.
A partir del Concilio Vaticano II, añadió el Papa, la Iglesia ha establecido relaciones con las otras iglesias de Oriente y las comunidades eclesiales de Occidente y se han logrado consensos que favorecen ese camino hacia la unidad.
"Os pido a todos vuestra oración para superar las divergencias y promover el diálogo y la fraternidad, así como para que los cristianos de hoy puedan dar un nuevo testimonio común de fidelidad a Cristo", señaló Benedicto XVI.
Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Celurario.
Les separan razones teológicas, como el rechazo de los ortodoxos al primado de la Iglesia de Roma y la negativa de la infalibilidad del Papa.
Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia católica que sí admite, desde el Vaticano II, los de la Iglesia ortodoxa.
Además, los ortodoxos culpan a Roma de proselitismo y de intentar expandirse en territorios hasta ahora bajo su control.
Antes del gran cisma se produjo otra escisión, la de los cristianos armenios, que vivieron en comunión con Roma hasta el año 491, cuando abrazaron las tesis del monofisismo, según la cual Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina, y era hombre sólo en apariencia.
El Concilio de Calcedonia de 451 condenó el monofisismo y definió la doble naturaleza de Cristo, humana y divina, unidas sustancialmente en una sola persona divina.
Los armenios no lo reconocieron y así nació la Iglesia Armenia, a la que no se puede llamar ortodoxa porque es anterior al cisma de 1054.
Concluida la audiencia, el Papa saludó en castellano a varios grupos españoles, entre ellos el de la familia del cardenal Rafael Merry del Val (1869-1930, que llegó a ser Secretario de Estado de la Santa Sede) y a fieles de Torrelodones (noroeste de la Comunidad de Madrid) y Córdoba (sur de España).
También saludó a los llegados de Italia, Irlanda, Gran Bretaña y Portugal para asistir a la audiencia y a la bendición de la estatua de la santa española Rafaela Porras Ayllón, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.