El 5 de marzo de 1983, el Papa Juan Pablo II entró en la casa y corazones de los panameños. Por primera vez se pudo ver al Papa, sentir su presencia, saludarlo, tocarlo y recibir su bendición.
En medio de la atribulada situación que vivía la región centroamericana de violación de derechos humanos y violencia, el Papa llegó a nuestro suelo a las 9:23 a.m. y lo besa a las 9:44 a.m., luego de haber estado en Costa Rica y Nicaragua, en donde las autoridades no le dieron el mejor trato.

Su llegada a Panamá fue un oasis, un momento de gozo, paz, esperanza y unidad, así lo reconocen quienes estuvieron a su lado.
El Papa Viajero, mensajero de la paz, el que marcó muchos récords por ser el primero en visitar una sinagoga (abril de 1986 en Roma), una mezquita (Gran Mezquita Omeya de Damasco, mayo 2001), el primero en publicar 5 libros de corte personal durante su pontificado; quedará en nuestra historia como el primero que trajo su mensaje de los altares del Vaticano a los hogares panameños.

Para Jorge Díaz, uno de los jóvenes que estuvo a su lado, la visita significó "tener al Papa en casa" y no conformarse con verlo en televisión desde el Vaticano.
Su mensaje al oído fue directo al fortalecimiento de la familia y de paz y justicia para los campesinos.
