Nación

El peregrinar de una víctima

Desde que abren sus puertas en las corregidurías, inicia el desfile de casos rutinarios e insólitos.


SON LAS doce de la noche y entre historias, gritos y palabras impropias, se inicia un nuevo turno en las corregidurías de la ciudad.
Las corregidurías constituyen la tropa de choque de la justicia panameña, a ellas acuden personas de todos los estratos sociales, con los más variados problemas.
Se atienden desde peleas de vecinas "perequeras", líos entre parejas, hasta litigios de pensión alimenticia, robos y demás. Antes de ingresar, los ciudadanos son orientados según el tipo de casos que traen.
En la corregiduría hay varias secretarias que se ocupan de atender los diferentes casos. Los detenidos son esposados a una barra incrustada en la pared.
Hablan sobre lo que les ocurre y cómo van a afrontar el problema que los tiene allí: "hey blod, cuida´o cuando hablas, pa´ que no te quedes aquí", comenta uno de ellos.
Del otro lado, los policías acusadores, que también esperan su turno, conversan: "garra, escribe bien, para que no te salga un brujón", dicen.
En la misma sala, una funcionaria, que trata de organizar la documentación, llama uno a uno a cada involucrado, para hacer un informe que será remitido al corregidor para iniciar la audiencia.
Esta escena se repite de 20 a 30 veces al día en cada una de las audiencias que se celebran a diario en la corregiduría Mateo Iturralde, del Distrito de San Miguelito. Todo inicia a las 8 de la mañana cuando abren sus puertas para iniciar la faena.
El recinto es bastante pequeño, el mobiliario está conformado por varias filas de sillas, un televisor y los escritorios de los funcionarios, divididos por una baranda de madera.
Las corregidurías no sólo se encargan de este tipo de conflictos, también deben vigilar si los dueños de terrenos mantienen la hierba de estas propiedades baldías cortadas; si los compradores de licor de las bodegas no lo ingirieron en el lugar; si todos los negocios tienen sus documentos en orden; si han pagado los impuestos respectivos y si han fumigado los locales, son otras funciones conexas.
"Sin embargo, los casos más comunes, por lo menos en los Juzgados Nocturnos, son a causa de peleas entre vecinos, a causa de sus hijos", señaló Xiomara Vergara Cedeño, corregidora del turno diurno de esta corregiduría, la cual estudió Derecho y que además conoce cómo es el trabajo en todos los turnos.
Las corregidurías abren sus puertas a las 8:00 a.m. y cierran a las 4:30 p.m. Desde que abren ya están los casos esperando.
Aproximadamente cada cinco semanas dos corregidurías están de turno, esto significa que trabajan hasta las 6:00 p.m. y atienden sábado y domingo.
Esto lo hacen para que las justicia sea ininterrumpida, pues las corregidurías cierran a las 4:30 p.m. y el juzgado nocturno de policía abre a las 6:00 p.m. Panamá América visitó la corregiduría en la madrugada del Viernes.
Ese día, la Corregidora encargada y su equipo de trabajo iniciaron sus labores desde las 12 media noche.
Se atendió uno a uno a los implicados en cada caso antes de dictar una sentencia. Los casos de ese día fueron en su mayoría riñas, pero, según la corregidora de turno fue un día suave, porque no era día de pago.
Una gran cantidad de casos se tramita todos los días. Durante las audiencias de casos relacionados con maltrato, explica Xiomara Vergara "me gusta siempre dialogar con los involucrados y recordarles que este tipo de problemas no los lleva a nada bueno. "Trato de hablarles y pedirles que tomen en cuenta a los niños y que traten de solucionar el asunto sin problema", señaló.
Ya a la hora de cerrar y luego de retirar sus pertenencias éste se acerca a las rejas para despedirse de los presos y hacerles un llamado de atención.


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184469
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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