La esperanza de un cambio caló hondo en los electores panameños. Eso explicaría la avalancha de votos obtenidos por el empresario. Eso, o la desilusión ante un gobierno perredista que no cumplió todas sus promesas, y se presentó con una candidata que nunca enfrentó con seriedad su pasado demasiado cercano a la dictadura de Manuel Antonio Noriega. El resultado en este escenario es una presidencia martinellista con un gran poder.