CUANDO en 1962 fue inaugurado el Puente de Las Américas, sus propulsores no tenían la más remota idea de que 40 años después se requeriría custodiar la estructura con policías para evitar que un osado intente acabar con su vida, uno de los que no le teme a las alturas.
Una unidad en la caseta que está antes de cruzar el puente y otra en el mirador, vigilan el área; sin embargo, Fernando Rodríguez, jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional es consciente de que quienes viajen en automóvil pueden burlar la seguridad.
"Las personas que van en carro pueden aprovechar para intentar cualquier hazaña", indicó Rodríguez.
Panameños cansados de una vida de insatisfacciones o con algún problema emocional, trabajadores que reclaman justicia y aventureros han concurrido al puente para hacerse notar.
Unos no han pasado de intentos de suicidio, mientras que otros lamentablemente concretaron sus intenciones. Precisamente sobre este último punto las autoridades no manejan estadísticas.
El 24 de agosto de 2003, un hombre de 34 años procedente del distrito de Arraiján, amenazó con lanzarse desde lo más alto de la imponente estructura, pero cambió de opinión tras la intervención de las autoridades que impidieron a toda costa que se quitara la vida.
Más tarde, otro hombre le siguió los pasos. El 6 de julio de 2004, cuando el reloj marcaba las 3.00 de la tarde, intentó ser víctima de su propia mano, pero una vez más las autoridades correspondientes evitaron que sucediera una tragedia.
Hasta Marco Manjarez detenido en la Cárcel La Joya acusado del asesinato de Monseñor Jorge Altafulla, se fue al Puente de Las Américas a terminar con sus días, evidentemente no lo logró.
Expertos consideran que diversos factores se asocian a estas conductas suicidas. Inciden factores hereditarios, trastornos afectivos, esquizofrenia o abuso de alcohol, así como otros ligados a la ruptura de relaciones emocionales importantes o al descubrimiento de una enfermedad terminal.
Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que igualmente la falta de personalidad, la baja autoestima, carecer de un trabajo, el acoso moral y sexual, la violencia, la humillación y el estrés, son factores de riesgo de la depresión que contribuyen al suicidio.