PRECIOS. El mundo está de cabeza por la incontrolable inflación, la carencia de alimentos y el descontrol petrolero. Panamá no escapa a esta vorágine, y en los últimos dos años el costo de la vida ha llegado a niveles nunca antes vistos. Pero no nos engañemos. Mucho de este encarecimiento tiene orígenes egoístas que nada tienen que ver con el mercado.
POLÍTICAS. Corresponde al gobierno asumir el papel de componedor y árbitro para evitar los abusos y proteger a quienes no tienen mecanismos democráticos de defensa. No puede dejarse al país a merced de mercaderes sin conciencia. Es urgente el diseño de una estrategia para evitar que el aumento desmesurado de precios se torne en desestabilización.
SOCIEDAD. Pero buscar el equilibrio no es tarea exclusiva de las autoridades. La comunidad toda debe organizarse y hacer la presión idónea que requiere un mercado saludable. Los consumidores, al final de cuentas, son quienes inclinan la balanza. Se requiere, eso sí, madurez y entendimiento para asumir el papel y la fuerza necesarias.