Ciudad. Nuestra capital es vista con admiración y en ocasiones hasta con envidia - de la buena - por los cientos de miles de visitantes que se maravillan con su modernidad y por la cantidad de edificios altos, que surgen como hongos silvestres por doquier. Casi que podría afirmarse que es una verdadera y cosmpolita metrópoli,
Hostilidad. Sin embargo, al mismo tiempo la ciudad se ha vuelto hostil para los peatones. Con un crecimiento desordenado. La nuestra es una ciudad sin aceras, que no invita a caminar por ella sino a recorrerla en automóvil. Los autobuses y vehículos a motor son los dueños de la ciudad, y los seres humanos no somos más que sus rehenes.
Abandono. En medio del caos, la ciudad de Panamá está condenada al abandono de ser de todos y no ser de nadie al mismo tiempo. El régimen centralista impide que las autoridades locales desarrollen más de cuatro iniciativas tendientes a corregir las deficiencias de nuestra urbe. Ojalá que en el futuro se pueda convertirla, ahora sí, de verdad, en una gran ciudad.