Sinfín.
El repertorio de afrentas públicas de los diputados parece infinito. Cuando el país creía que lo había visto todo, el propio Secretario General de la Asamblea revela un acuerdo entre bancadas para evitar que el país conozca cómo votan sus diputados.
Derroche.
De nada ha servido la compra de dos equipos de votación electrónica que costaron cerca de B/ 300 mil. Uno de ellos se dañó por falta de uso y el otro permanece como un monumento a la desidia o mejor dicho, a la falta de pudor.
Oscuridad.
Los diputados actúan de esta forma en las penumbras. Con un golpe en la curul esconden sus rostros al país, cuando votan en cuestionados temas. Convirtieron la costosa transparencia legislativa en otro de sus cuentos.