Clima. Un número demasiado elevado de panameños mira como algo remoto las lluvias diluviales, y sus secuelas en daños materiales y humanos. Eso que aparece en televisión y periódicos, piensan, jamás les ocurrirá.
Molicie. Pocos advierten que lo que acontece está relacionado con sus propias vidas, que todos somos víctimas y victimarios, y que el riesgo es nacional y, peor aún, global. La indiferencia no es, pues, una opción.
Compromiso. Todo habitante de este pequeñísimo planeta peligra. El daño que le estamos causando al entorno con nuestra forma de vivir, es suicida. Es hora de hacer el alto. Para mañana es tarde.