GobiernoDecía Maupassant que no es fácil el arte de gobernar, o lo que él llamaba “el oficio de zalamero, de entrenador de pueblos”. Según él, la receta requiere inteligencia, tacto, palabra justa, cumplido necesario, poder de seducción.
PoderHabrá quienes piensen que dirigir un país como Panamá exige otros dotes menos finos y más prácticos: Puño, decisión irrevocable, objetivo claro, aceleración constante, intolerancia al error humano y a la informalidad criolla.
DemagogiaEl ciudadano, acostumbrado a los encantos de la palabra ardiente, sabe, sin embargo, distinguir la charlatanería y el abuso. Esto hay que tenerlo claro para no caer en la “porfiada política del abejorro”, que vive chocando con todo lo que tiene enfrente.