Poder. Algo permanente en la política democrática debería ser la convicción de que los cargos son efímeros. Quien se resista a este axioma es todo menos democrático y, por supuesto, no se ha enterado de que los absolutistas están demodé.
Veleidad. La Real Academia de la Lengua registra que la veleidad no es otra cosa que una voluntad antojadiza o deseo vano. La política, según algunos estudiosos, despierta en ciertos seres esos apetitos irreprimibles hacia lo insustancial.
Urgencias. El país, con un futuro promisorio, tiene también deudas sociales enormes. Esperamos que quienes ostentan aquellos efímeros cargos de poder aprovechen el tiempo para saldarlas, y sean menos veleidosos.