ImprudenciaEn la política, como en la vida, el individuo es esclavo de lo que dice. El lenguaraz, sobre todo el de alto perfil, tarde o temprano termina atrapado en la enredadera de sus insustancialidades. DiscernimientoTambién le corresponde a la gente aprender a separar las frutas buenas de las podridas.
No porque un político hable bien, o eleve su voz sobre las demás, o diga lo que queremos escuchar, está calificado para guiarnos. PalabrasEl poder de la palabra está más que probado. La que se dice a tiempo puede frenar guerras; la imprudente, desata tempestades.
Nuestros gobernantes deben aprender a pensar antes de prometer, y siempre prever el daño que causarán si incumplen.