Agua. Las empresas fabricantes de refrescos ya empiezan a sentir el golpe bajo de la falta de agua potable. Están vendiendo lo que tienen en bodega, pero han dejado de producir. Las pérdidas prometen ser terribles. Economía. El mismo desastre lo experimentan los restaurantes, hoteles, salones de belleza y todo negocio que depende de alguna manera del líquido. Lo que se ve venir no es bueno para nadie. Acciones. Las autoridades se resisten a ver en el problema una emergencia nacional. Siguen entendiendo la crisis como cosa fortuita, y esperan soluciones del cielo. Es urgente una respuesta al más alto nivel para evitar el colapso que se avecina.