Deuda. La morosidad que mantienen con el IFARHU cinco mil prestatarios, muchos en ejercicio profesional, resulta escandalosa. Peor aún, que no den la cara para asumir su responsabilidad.
Cobro. Treinta y cinco millones de dólares no se pueden perder. Es necesario que se agoten las vías para recuperar esos recursos, que servirán para que otros panameños puedan estudiar.
Filtros. La institución ya tiene que dejar de ser vista como un botín político. Es hora de que se impongan los controles en el otorgamiento de becas y en la concesión de préstamos para que estos sean recuperables.