Política. En una sociedad ideal, perder las elecciones no debe ser trágico. El pueblo escoge una propuesta, y el asunto no pasa a mayores.
Imperfectos. En la vida real, cuando lo que están en juego son los negocios particulares y la obtención de dividendos por lo invertido en campaña, nadie quiere perder.
Violencia. Panamá superó los tiempos en que las elecciones se resolvían con sangre. Eso no debe volver. Debe imperar el bien común, por sobre cualquier pretensión personalísima.