Carrera.
El espíritu que animó la aprobación de la Ley de Carrera Administrativa fue la profesionalización del servicio público y que los contribuyentes recibieran del Gobierno una adecuada y eficaz gestión.
Clientelismo.
Cada administración ha usado los últimos meses de su mandato, incorporando de manera apresurada a miles de copartidarios, con la esperanza de salvarlos de la barrería.
Solución.
Es tiempo de estudiar la necesidad de prohibir que los funcionarios de carrera sean miembros de los partidos políticos. Así se evitaría este viejo, negativo y humillante entuerto.