Peculado. El latrocinio y el peculado siempre han sido actividades deleznables. No hay justificación alguna para meter las manos en las arcas del Estado en provecho propio. Quien le roba al erario nos está robando a todos y poniendo en riesgo el presente y futuro de la nación y de la nueva generación de panameños.
Infamia. Cuando el robo es en desmedro de las instituciones sociales, el daño es mucho más grave. Robar el dinero de todos es malo, pero privar además a los grupos más vulnerables de la sociedad de las atenciones que les brinda el Estado, es una acción miserable, criminal, perversa y despreciable.
Sanción. La sociedad se viene aburriendo de que encima de sentirse esquilmada, no les suceda nada a los responsables de los desfalcos. La certeza del castigo es el mayor disuasivo para los corruptos que saquean el Tesoro Público. Ojalá La Procuraduría General entienda que la tolerancia social de los panameños llegó a su límite.